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Violencia de género y maternidad sin pareja

Enrique de la Madrid

Por una sociedad igualitaria entre mujeres y hombres, donde se destierre la violencia de género

El 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y en ese contexto quiero compartirles un resumen de lo que nos expusieron Mariana Gabarrot, Sylvia Sánchez y Julieta Lujambio en un webinar titulado “Violencia de género y maternidad sin pareja”, que organizamos el pasado miércoles 18 de noviembre desde el Centro para el Futuro de las Ciudades.

Julieta Lujambio habló de la maternidad sin pareja. Nos dijo que una de cada tres mamás está viviendo una maternidad sin pareja, por lo que se encuentran en vulnerabilidad económica y laboral, ya que no quieren perder su trabajo y están dispuestas a aceptar peores condiciones que otras personas, conscientes de las desventajas laborales que enfrentan ante los hombres.

Esta situación se ve agravada por los padres que erróneamente consideran que dar la pensión alimenticia es dar una dádiva que a su vez les da el derecho de dar órdenes a la madre; o que simplemente se niegan a cumplir con su obligación de manutención hacia sus hijos.

Por ello, Julieta impulsó en el Congreso de la Ciudad de México, como una iniciativa ciudadana, la creación del Registro de Deudores Alimentarios Morosos (REDAM), el cual sería administrado por el Registro Civil. Además, nos contó que en 2019 se aprobó en la Cámara de Diputados el Registro Público Nacional de Obligados Alimentarios Morosos, pero que también está atorado en el Senado desde entonces.

El abandono de los padres es muy peligroso. Julieta nos explicó que un estudio encontró que más de 80% de los criminales en México sufrieron alguna clase de abandono.

Por su parte, Mariana Gabarrot, profesora-investigadora del Tecnológico de Monterrey, expuso datos muy interesantes para que tengamos un panorama más claro de cómo son realmente las familias en México; y para saber cómo los roles de género que construimos socialmente nos han hecho mucho daño tanto a las mujeres como a los hombres.

Mariana comentó que la familia con mamá, papá e hijos representa únicamente la mitad de las familias mexicanas, sin embargo, persiste una presión social por no cumplir este estereotipo que afecta a buena parte de las familias que no lo representan. Además, la alarmante cifra de que la mitad de las mujeres que viven en pareja son víctimas de violencia de género por parte de su compañero.

Debemos ser conscientes sobre que las familias son muy diversas y sobre todo que no es malo que no cumplan con el estereotipo tradicional. Esto, por el bien del pleno desarrollo de las hijas, los hijos y las madres solteras, ya que 80% de las familias monoparentales son encabezadas por una mujer.

Por otro lado, Mariana nos recordó que en la época de los griegos y romanos el hombre era “dueño” de sus hijos y de su esposa, por lo que podía disponer de ellos a su antojo y capricho. En la actualidad muchos hombres ejercen un gran poder sobre su esposa al controlar la fuente de ingresos familiar y ser favorecido por las costumbres y las instituciones, lo que posibilita la violencia de género en contra de mujeres dependientes y vulnerables.

Por ello es tan importante deconstruir los roles de género. Mariana también nos planteó que los hombres somos víctimas del estado actual de la sociedad, ya que nuestro rol de género fomenta la violencia que termina propiciando agresiones, incluso la muerte entre hombres, de manera significativa.

Mariana compartió algunas sugerencias para deconstruir los roles de género y avanzar hacia una sociedad más equilibrada, como dar más espacios para que se expresen las mujeres, ya que los hombres suelen tener más foros para hacerlo; o propiciar que los padres puedan complir con las responsabilidades escolares de sus hijos, por ejemplo, a través de las juntas de padres de familia que tradicionalmente se hacían en horarios laborales y muchos de los papás no podían asistir. Me pregunto si la tendencia de reuniones virtuales impulsada por la llegada del COVID-19 podría ayudar en este aspecto. Finalmente, también señaló la necesidad de que los hombres colaboren mucho más en las labores del hogar.

Respecto a este último punto, Sylvia destacó que antes de la pandemia las mujeres destinaban más del doble de tiempo que los hombres a las labores domésticas, con un promedio de 38 horas semanales contra 16 horas de los miembros del género masculino.

En el campo laboral, Sylvia expuso que el Foro Económico Mundial, en su informe de la brecha mundial de género 2020, estima que una mujer tendría que nacer en el año 2255 para gozar de equidad salarial y que lo más preocupante es que el lapso para cerrar esta brecha salarial se incrementó con respecto al reporte anterior. También nos comentó que las mujeres, en promedio, reciben un salario 16% menor que el de los hombres de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas; y que la pandemia ha afectado laboralmente más a las mujeres.

El COVID-19 ha afectado especialmente a sectores como el turismo, la educación, la gastronomía, el cuidado de la salud y otros con alta participación de mujeres. También ha acelerado la digitalización, sin embargo es desalentador que las mujeres sufren de menor acceso a medios digitales que los hombres.

Sylvia nos recordó que la nueva economía ya no es tan exigente en aspectos de fuerza física, como la minería o la agricultura, por lo que ahora es más importante la capacidad de trabajar en equipo, la creatividad y la empatía, habilidades en las que sobresalen las mujeres. Que no nos quede duda, es muy importante impulsar que las mujeres gocen de las mismas oportunidades laborales que los hombres en todo sentido.

Como conclusión, Julieta comentó que estos temas se pueden resolver desde la comunicación y la empatía, además de que debemos de tomar más acciones a favor de las hijas y de los hijos. Mariana resaltó la importancia de enseñar a los niños desde pequeños a hacerse cargo del cuidado de los demás, y Sylvia complementó que es importante enseñar a los niños a expresar sus emociones: “si todas y todos los que nos rodean están bien, nosotras y nosotros también nos vamos a sentir bien”.

 

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