Guerra en Irán y Ucrania; petróleo y combustibles más caros; cambios en Venezuela y Cuba; y un Donald Trump muy decidido. México no puede cometer el error de moverse solo.

Justo cuando el mundo exige más aliados, más inteligencia y más presencia internacional, México aparece aislado. Y eso no es una abstracción para diplomáticos: se traduce en menos margen de maniobra, menos inversión, menos turismo, menos financiamiento y menos capacidad para defender con fuerza nuestros intereses.

De eso hablé con Bernardo Sepúlveda en mi podcast En Blanco y Negro; vale mucho la pena escuchar completa dicha conversación, ya que pone la atención en algo que casi no queremos ver: México se ha ido quedando fuera del tablero internacional por voluntad propia. Pueden encontrar la plática completa en el siguiente enlace:

La advertencia no podría llegar en peor momento, ya que el contexto mundial está lejos de ser tranquilo. Como explicó Bernardo, la existencia de armas nucleares sigue funcionando como un gran freno para una guerra mundial total: una conflagración de ese tamaño sería la autodestrucción de las grandes potencias, y quizá de todos. Pero que no haya una tercera guerra mundial no significa que estemos a salvo. Lo que sí estamos viendo son conflictos regionales, tensiones durísimas, reacomodos de poder y una política en Estados Unidos mucho más exigente con aliados y adversarios. México, además, llega a la revisión conjunta del T-MEC el 1 de julio de 2026, mientras Washington endurece su política comercial y el panorama internacional sigue marcado por la guerra en Ucrania, la escalada con Irán y una política más agresiva hacia Cuba y Venezuela.

Por eso me parece tan poderosa la frase de Bernardo: el mundo exterior no es un adorno, es una palanca de desarrollo. Tiene razón. La política exterior no sirve solo para dar discursos elegantes o salir bien en la foto. Sirve para abrir mercados, atraer inversión, conseguir financiamiento, impulsar el turismo, proteger cadenas de suministro y construir influencia. Sirve, también, para que la relación con Estados Unidos no sea un uno contra uno en el que ellos pesan diez veces más, sino una relación en la que México llegue acompañado, respaldado y mejor posicionado.

Yo agregaría algo: comerciar con más países y tener más alianzas también protege. Nadie quiere pelearse fácilmente con un socio comercial importante ni con un país bien conectado. Los aliados sirven para crecer, pero también sirven para disuadir. En un mundo nervioso, donde las potencias aprietan, los mercados reaccionan y los conflictos contagian incertidumbre, estar solo no es una muestra de dignidad; puede ser una forma muy cara de ingenuidad.

Bernardo fue muy claro en algo más: México no ha construido en los últimos años relaciones suficientes con otros Estados y con otras sociedades. Y eso ya nos está costando. Cuando un país se ausenta, no sólo pierde presencia diplomática; pierde oportunidades. Por eso su propuesta es tan concreta como urgente: reconstruir un sistema de alianzas con países de desarrollo intermedio. Ahí están Canadá, los países europeos y varias naciones asiáticas que hemos descuidado, como Corea, Vietnam, India e Indonesia. Es decir, no se trata de inventar un sueño romántico, sino de hacer política exterior útil.

Además, no estamos hablando de teoría. México ya lo hizo antes y le fue bien. Bernardo recordó dos ejemplos que deberían estudiarse más. El primero fue el Consenso de Cartagena, donde once países latinoamericanos coordinaron información y posiciones para negociar mejor el problema de la deuda externa. El segundo fue el Grupo de Contadora, en el que México, Venezuela, Panamá y Colombia empujaron la pacificación de Centroamérica. Dicho sencillo: cuando México tuvo alianzas, tuvo más fuerza; cuando ayudó a construir soluciones, ganó peso político y defendió mejor su seguridad e intereses.

Y esa parte es importantísima: incluso cuando hubo diferencias con Washington, México no quedó condenado al aislamiento económico por tener una posición propia.

Es por eso que Bernardo también hizo un llamado de alerta que comparto: México debe recuperar su diplomacia profesional; necesita fortalecer al Servicio Exterior, volver a confiar en embajadores de carrera y entender que las visitas de Estado, los organismos multilaterales y las alianzas no son protocolo vacío, sino que son herramientas concretas de desarrollo y de defensa nacional. Un país de más de 130 millones de personas no puede comportarse como si el mundo fuera asunto ajeno.

México no puede seguir ausente mientras otros redibujan el mapa del poder, del comercio y de la seguridad. No podemos entrar al momento más delicado de nuestra relación con Estados Unidos sin aliados, sin estrategia y sin presencia. Si queremos crecimiento, respeto y margen de maniobra, tenemos que volver al mundo. Porque la idea central no ha cambiado y cada día pesa más: México está aislado justo cuando el mundo exige tener más aliados.

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