Solidaridad, corresponsabilidad y empatía; los valores del siglo XXI

Enrique de la Madrid

La semana pasada, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) publicó un comunicado en el que expuso su estimación de la pobreza laboral, es decir, la proporción de la población trabajadora cuyos ingresos son insuficientes para comprar una canasta alimentaria básica. Hay que señalar que en mayo esta cifra alcanzó un preocupante 55 por ciento.

Varios expertos han estimado que México sería uno de los países de la región con mayor impacto económico derivado de la crisis actual. Esto podría deberse parcialmente a nuestra amplia economía informal pues, como dice Pressia Arifin-Cabo, representante adjunta de Unicef México, 48% de las familias del país están empleados en el sector informal por lo que sus ingresos se han visto muy limitados durante el confinamiento. 

Pressia afirma que, a través de sondeos regulares, se han percatado que “las familias se están adaptando a la pandemia a costa de dejar de pagar algunas obligaciones como la luz, el agua. También hacen frente a la situación suprimiendo las comidas diarias esenciales, o reduciendo las porciones. Al final están comprando comida más barata, y si se adaptan a las circunstancias de la covid-19 con estos métodos, podemos asegurar que van a empeorar las cifras de desnutrición infantil”.

El impacto tan fuerte en México también puede explicarse parcialmente por aún no haber podido controlar la pandemia y la falta de apoyos económicos, tanto a las familias más vulnerables como a sus fuentes de empleo. El panorama es severo para nuestro país, y por eso en mi artículo de la semana pasada escribí sobre la gravedad de la pobreza en México y recomendé algunas acciones que deberían hacerse desde el aparato estatal para sacar a más mexicanos de la pobreza.

Es importante entender que para lograr ese objetivo, no basta con acciones gubernamentales pues el gobierno no tiene la capacidad técnica, humana ni económica suficiente para hacerlo por sí solo, ni es el único responsable de resolver el problema de pobreza que enfrentamos como sociedad. 

Todos somos corresponsables del destino de nuestro país. Todos somos corresponsables del bienestar de los demás y mientras haya mexicanos vulnerables, todos somos vulnerables.

Esto toma especial relevancia ante el cambio de época que estamos viviendo, que está caracterizado por el constante y avanzado progreso tecnológico, y el crecimiento exponencial que eso implica en muchos sectores de la economía, especialmente los ligados al mundo digital. Un cambio muy acelerado para la mayoría de las personas. Un cambio que, si bien ha significado un impresionante crecimiento económico para muchos países, sectores y personas, también ha dejado a mucha gente atrás. 

Muchos no cuentan con la preparación para sacar provecho de la economía del conocimiento o para adaptarse ante la sustitución de puestos de trabajo por máquinas. Son personas que al perder el empleo, no sólo pierden sus fuentes de ingresos, sino que pierden algo más: la autoestima, el respeto de los demás, su dignidad y su sentido de pertenencia ante la sociedad.

Si no actuamos con prontitud y profundidad, corremos el riesgo no sólo de alargar las actuales crisis sanitaria y económica, sino de enfrentar una profunda crisis social y política, y con ello poner en riesgo la posibilidad de alcanzar ese México próspero, seguro e incluyente que todos deseamos. 

Para hacer frente a esta pandemia y enfrentar con éxito los retos y oportunidades del siglo XXI, tenemos todos que fortalecer o incorporar los valores de la empatía, solidaridad y corresponsabilidad en especial con aquellos que se han quedado atrás. 

Empatía que nos permita sentir el sufrimiento de los demás, pero también sus esperanzas y anhelos. Solidaridad para contribuir, cada quien en la medida de sus posibilidades, capacidades y fortalezas a efecto de generar mejores condiciones para los demás. Corresponsabilidad para reconocer con humildad que en el logro de nuestros éxitos intervinieron muchos otros, además de nuestro empeño y esfuerzo, y que así nos corresponde ahora contribuir a que otros alcancen los suyos.

Esto puede verse reflejado desde las empresas para procurar el mayor bienestar de todos los actores con los que se relaciona cada una, incluyendo clientes, socios, proveedores y trabajadores; la utilidad inmediata ya no puede ser la única prioridad de la empresa, pues debemos transitar hacia un capitalismo más consciente y social. 

Business Roundtable es una asociación de directores ejecutivos de las principales empresas estadounidenses. En una rueda de prensa del año pasado, declararon que generar valor para los accionistas ya no es su objetivo principal, sino que ahora es el de invertir en su fuerza laboral, entregar valor a los clientes, tratar éticamente a los proveedores y apoyar a las comunidades. Además, hicieron mención a que el propósito de toda empresa debe ser contribuir a una economía que permita a cada persona llevar una vida con sentido y dignidad, teniendo éxito a través del trabajo y de la creatividad.

Por otro lado, las personas en lo individual debemos involucrarnos directamente en ayudar a quienes están a nuestro alrededor, sobre todo a quienes necesitan ayuda para solventar sus gastos más básicos como la alimentación, la salud o la educación. También podemos apoyar mediante mentorías a jóvenes para avanzar en sus estudios o a emprendedores para que sus negocios prosperen. Recordemos que estamos entrando en una etapa en la que se incrementarán los problemas relacionados con el hambre y la pobreza extrema, y las dificultades de la economía serán mayúsculas. 

Por ello, somos cada vez más quienes estamos impulsando el concepto de adoptar un mexicano, no de forma legal sino siendo solidarios y comprometiéndonos, a largo plazo, con la vida de otros.

Además de la gente que está a nuestro alrededor, también podemos apoyar a organizaciones de la sociedad civil que tienen mucha experiencia ayudando a mexicanos en temas de educación, alimentación y salud, entre otros. Esas organizaciones que han demostrado relevancia y consistencia, necesitan de nuestro apoyo hoy más que nunca. 

Los mexicanos debemos tomar acciones para  salir de esta crisis y para reponer lo que hemos perdido.

Muchas tienen que ver con adoptar mejores medidas durante la pandemia para contener los contagios y las muertes, así como la  destrucción de empresas y empleos. También con iniciar una reflexión y un diálogo nacional profundo para contar con nuevas políticas públicas que generen crecimiento, así como un desarrollo incluyente y sustentable para todos los mexicanos. 

Pero para apoyar a los demás a enfrentar estos tiempos trágicos, y así sentar las bases para un ambiente propicio para el diálogo, es que necesitamos hacerlo desde la empatía, la solidaridad y la corresponsabilidad. Esto a fin de tender puentes entre los diferentes segmentos sociales, que nos permitan alcanzar los acuerdos que tanto  necesitamos como país. 

Escuchaba a alguien decir cuando le preguntaban si ante el entorno actual era pesimista u optimista, y su respuesta fue: no soy ni pesimista ni optimista, soy activista. 

Es momento de volvernos activistas de tiempo completo para construir juntos el mejor México al que todos aspiramos.

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