La economía mexicana está prácticamente estancada, y eso no es una exageración ni negativismo barato: es la radiografía del país que arrojó un seminario especializado en economía la semana pasada. Apenas se generaron alrededor de 72,000 nuevos empleos formales en 2025, una cifra que palidece frente al crecimiento de la Población Económicamente Activa, que aumentó en más de 900,000 personas durante el mismo periodo.
Ese dato tiene una lectura clara: no hay suficientes trabajos formales para la gente que quiere y necesita trabajar. ¿Y por qué sucede esto? Primero porque la economía creció casi nada: las cifras más recientes muestran que el Producto Interno Bruto tuvo un crecimiento de cero en 2025 y de 1% en 2026, por debajo del crecimiento poblacional.
Lo peor del panorama es que el país no está creciendo porque no hay inversión real. La inversión privada ha caído 4% y la inversión pública cayó más del 20%; pero no se trata sólo de cantidades frías: incluso la inversión pública que se ha hecho ¿es productiva? Construir trenes que no transportan pasajeros, que se descarrilan, y proyectos de bajo impacto no son lo que generará empleo ni crecimiento de largo plazo.
¿Por qué no hay inversión real? La respuesta es bastante obvia: no hay confianza. Los inversionistas, tanto nacionales como extranjeros, miran con recelo factores que debilitan la seguridad jurídica y económica del país. La reciente reforma al Poder Judicial, la inseguridad cotidiana, la insuficiente infraestructura, la falta de agua y problemas persistentes con la electricidad son barreras que pesan más de lo que quisiéramos admitir. Y en un mundo donde todo es geopolítica, estos factores se vuelven aún más decisivos: las tensiones entre Estados Unidos y China, la incertidumbre con políticas migratorias y comerciales, que lo que pasó en Venezuela sea una advertencia para el gobierno mexicano, entre otros, son temas que impactan la confianza de manera directa.
Teniendo claro este diagnóstico, ¿qué haría yo? Primero, evaluar la suspensión temporal de los envíos de petróleo a Cuba, mientras se negocia el Tratado de Libre Comercio, con el objetivo de fortalecer nuestra posición negociadora con socios clave. Además, impulsaría una negociación estratégica con Estados Unidos en materia de seguridad y aduanas, sin renunciar a nuestra soberanía, pero sí con la mirada puesta en facilitar el comercio y la inversión.
Más allá de medidas urgentes, habría que reunir a los mejores economistas nacionales y extranjeros para escuchar, sin filtros políticos, por qué la economía no crece. Luego convocaría al Consejo Coordinador Empresarial, a universidades, a líderes sindicales y a representantes estatales para que planteen proyectos específicos y, más importante aún, leyes y reglamentos que hoy obstaculizan la inversión. Objetivo: cambiarlos.
En lo inmediato también suspendería temporalmente cualquier nueva inversión en el llamado Tren Maya y otros proyectos de baja rentabilidad aparente, y redirigiría esos recursos hacia infraestructura esencial como energía y agua, que sí pueden detonar productividad. Igualmente, detendría la reforma electoral: no necesitamos más divisiones, sino políticas públicas que unan al país hacia un propósito común.
También habría que arreglar Pemex, transformando su modelo de negocio de uno que pierde dinero a uno que genere riqueza para los mexicanos. Reconstruir el sistema de seguridad y justicia, con aportes de expertos, nacionales y extranjeros, pero también de las familias mexicanas, sería otra prioridad insoslayable. Y no solo lanzar propuestas: tendría un mecanismo de seguimiento semanal para revisar avances, señalar desviaciones y corregir el rumbo donde sea necesario.
Lo que quiero transmitir es esto: sí tenemos soluciones. México enfrenta un contexto internacional complejo, sin duda, pero ese mismo contexto puede convertirse en una oportunidad para los mexicanos si somos coherentes entre lo que decimos querer y lo que decidimos hacer.
Nuestras familias merecen crecimiento, prosperidad, libertad y vivir en un ambiente sano. Mexicano que eres lector, te invito a reflexionar sobre estos temas, a debatirlos, a construir juntos un mejor México para hoy y para las futuras generaciones. Me encantaría escuchar tus comentarios y tus reflexiones sobre cómo lograrlo.

