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Premiar el comportamiento solidario y cooperador con tecnología

Enrique de la Madrid

Recientemente entrevisté a Fernando Lelo de Larrea, fundador de Donadora, sobre cómo utilizar el progreso tecnológico para hacer innovaciones sociales que nos conduzcan a un mundo más incluyente, solidario y con mayor empatía. Quiero compartirles las principales conclusiones.  

Los mexicanos somos muy buenos para reaccionar solidariamente ante la emergencia. Ante un desastre natural o, como recientemente lo vimos al inicio de la pandemia, movilizamos una cantidad importante de recursos y apoyo para quien más lo necesita. Sin embargo, para lograr un país más incluyente debemos de hacer que esta solidaridad sea permanente. 

Por ejemplo, me comentó Fernando que en otros países la gente y las empresas con ingresos suficientes están más acostumbradas a que una parte de su salario o utilidades, respectivamente, siempre esté destinada a la filantropía. Es así que las donaciones habituales suelen ser muy superiores a las que se registran en México, por diversas causas, señalando a continuación algunas que me parecen muy importantes.

Fernando me comentó que la parte emotiva es muy importante; es decir, cuando acaba de pasar el desastre natural hay una gran empatía con los más perjudicados y necesitados, en parte porque nos hace pensar e imaginar que nos pudo haber pasado a nosotros o a nuestros seres cercanos. Una vez que nuestras emociones se estabilizan y percibimos mayor normalidad, el impulso por ayudar se reduce. Fernando me dijo que es importante transmitir emotivamente los problemas permanentes y cotidianos, y narrar asertivamente la historia de a quiénes estamos ayudando a terminar la escuela, por ejemplo, para ponerle rostro a los beneficiarios.

En otra entrevista, Saskia Niño de Rivera, quien dirige la iniciativa Agrega, me comentó que cuando la gente no se siente protegida por la sociedad o siente que no pertenece a ella; cuando los sentimientos de injusticia y desacuerdo están más presentes que los de comunidad y confianza, se incrementa el individualismo y eso dificulta mucho la filantropía permanente. También dijo que es más difícil preocuparse por el desempleo del vecino, si, por ejemplo, tenemos miedo de perder el nuestro. 

No obstante, es importante entender que vivimos en una era donde las sociedades, empresas y personas más exitosas son aquellas más incluyentes, y quienes entienden que la economía cada vez se basa más en la cooperación, en compartir y desarrollar la creatividad colectiva, en un mundo muy conectado. Es en este cambio de época, que nos debe de quedar claro que si un segmento social es vulnerable, todos somos vulnerables; y que, contrario a lo que se enseñaba hasta hace apenas unas décadas, que en el bienestar colectivo es donde encontramos nuestro bienestar individual.

Por eso es tan importante no sólo promover los valores de la empatía, la solidaridad, la cooperación y la corresponsabilidad, sino también incentivarlos. Debemos lograr que la gente perciba que le conviene ser más empática y colaboradora, además de facilitarle el ser solidario. 

Debemos aprovechar las nuevas tecnologías para facilitarle acciones solidarias. Un ejemplo de ello son plataformas como Donadora, Patreon o GoFundMe, que con pocos clicks puedes domiciliar a tu tarjeta de crédito una donación mensual, además de que te dan la confianza de que todo es sumamente transparente, sin desvío de recursos, y la certeza de saber bien a quién estás ayudando y exactamente para qué. El tener una rendición de cuentas e incluso utilizar la ciencia de datos para mostrar causas que nos puedan interesar en lo personal, facilitan nuestras probabilidades de donar.

Estas plataformas transparentes pueden volverse tan eficientes para redistribuir los recursos a donde más se necesitan, que podrían ayudar a gobiernos rebasados por la burocracia, la opacidad y la dificultad para gastar de forma eficiente los recursos en casos muy específicos. Esto como un complemento, no como un sustituto de los gobiernos. 

Los mexicanos hemos demostrado históricamente que tenemos ganas de ser más solidarios, por lo que este tipo de mecanismos, aunado a instituciones y otras tecnologías, pueden ayudarnos e incentivarnos a hacerlo. Más aún cuando en México y en buena parte del mundo enfrentamos una emergencia permanente en materia de desigualdad y falta de oportunidades.
 

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