Por un país diverso e incluyente 

Enrique de la Madrid

Quienes forman parte de la comunidad LGBT+ en México sufren de graves discriminaciones y violencia, lo que es inaceptable. Nuestro país debe aspirar a que se respeten los derechos y las libertades de toda su población, y donde cada quien pueda vivir de acuerdo a sus preferencias y necesidades, siempre y cuando no transgreda derechos de terceros(as). Necesitamos más empatía, respeto y tolerancia hacia las personas, por quienes son y por lo que piensan.

En el marco del Día Internacional del Orgullo LGBT+, que fue el pasado lunes 28 de junio, quiero exponer la importancia del respeto a quienes forman parte de esta comunidad y algunas estadísticas sobre la violencia y discriminación que existe en nuestro país.

De acuerdo con la última Encuesta Nacional sobre Discriminación, 3.2% de la población mexicana mayor de edad se autoidentifica como no heterosexual, es decir, cerca de 3 millones de personas. 

El problema es que sufren de excesiva discriminación y violencia. Por ejemplo, la esperanza de vida de las mujeres trans mexicanas es de 35 años, cuando en la población general es de 77 años, lo que es como si vivieran un par de siglos atrás.

Más de la mitad de quienes no forman parte del estereotipo tradicional de hombre y de mujer, han tenido la idea de suicidarse por su orientación sexual o su identidad de género; 51% de las mexicanas bisexuales lo han pensado, y 73% de los mexicanos trans también lo han pensado.

92% de miembros de la comunidad LGBT+ han tenido que esconder quiénes son, incluso de su familia, donde deberían sentirse con mayor seguridad, protección y respeto. 7 de cada 10 han recibido comentarios ofensivos por su identidad de género u orientación sexual en la escuela, y 6 de cada 10 los han escuchado en su propia familia. 3 de cada 10 han sido víctimas de agresión física en la escuela, y 1 de cada 10 ha sido víctima de violencia sexual por pertenecer a la comunidad LGBT+.

Además, aunque cada vez parece haber mayor respeto y aceptación hacia quienes forman parte de dicha comunidad, en México los asesinatos relacionados han ido en aumento desde 2018, aún con el confinamiento ocurrido durante buena parte del año pasado. 

Algo terrible es que todos estos datos parecen quedarse muy bajos, pues buena parte de esta comunidad no responde a encuestas o miente en ellas, producto del miedo y de la discriminación que han sufrido durante años. El INEGI publicará este año una nueva encuesta sobre la comunidad LGBT+ en México, esa es una buena noticia.

Debemos entender que todos somos diferentes. Así como existe una gran diversidad en nuestro color de piel, de cabello, en la forma de los rostros humanos y de nuestras personalidades, también existe una gran diversidad en los componentes que dan forma a nuestra orientación sexual y a nuestra identidad de género. 

Podemos decir que la mayoría de los humanos tienen el cabello oscuro o claro, pero no debemos discriminar a los que no caen en una de estas categorías dicotómicas; no debemos discriminarlos por quienes son, que muchas veces es algo determinado por procesos bioquímicos que las personas no eligen. 

Hace algunas décadas se discriminaba a las personas por ser zurdas, se les castigaba y se les quería obligar a escribir con la derecha simplemente por comportarse diferente a la mayoría, pero los zurdos no elegían ser zurdos y tampoco le hacían daño a nadie por escribir con la izquierda. 

Actualmente, muchas personas hacen algo similar al violentar a personas de la comunidad LGBT+, a quienes llegan a negarles servicios médicos y medicamentos a los que tienen derecho y por los que han pagado. 

Todas y todos pertenecemos a una o varias minorías, ya sea por el deporte que nos gusta, por alguna característica física, por alguna disminución en la capacidad de algún órgano, por nuestra ideología, lugar de origen, etc. Ningún segmento social debería ser discriminado, asesinado ni violentado por ser lo que es, sin hacerle daño a nadie. 

Reprimir la diversidad sexual en una sociedad no la desaparece, solo la oculta. Por el contrario, aceptar y respetar quienes somos, así como los derechos de todos, nos permite tener sociedades más diversas, más innovadoras y con un tejido social más fuerte, donde todas y todos podemos vivir mejor. En esta época nos urge tender puentes en lugar de divisiones entre los diferentes segmentos de la sociedad.

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