Esa, en el fondo, fue una de las ideas más potentes que dejó la conversación que tuve con Pepe Medina Mora, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, para En Blanco y Negro. Pueden ver el programa en: youtube.com/watch?v=rlvHo1gJCuw
México no está frenado porque no tenga potencial. Al contrario. Pepe Medina nos recordó que nuestro país tiene ubicación privilegiada, talento, mercado, industria, comercio, turismo y una posición en Norteamérica que muchos países quisieran. Lo que lo está frenando es que el entusiasmo se estrella contra obstáculos muy concretos y muy corregibles. Necesitamos más energía, más certidumbre jurídica, mejor seguridad y reglas fiscales más claras.
No estamos hablando de maldiciones inevitables ni de un destino escrito en piedra. Estamos hablando de elementos que sí están a nuestro alcance.
El cuello de botella más inmediato es la energía. Sin electricidad suficiente no llegan semiconductores, no llegan centros de datos, no llegan nuevas plantas, no despegan inversiones grandes. De hecho hay empresas deseosas y listas para invertir en México, crear empleos, necesitan que les demos completa certeza de que tendrán electricidad suficiente, limpia y a precios competitivos, en todo momento.
Un muy buen ejemplo de Medina Moran es un proyecto de semiconductores que iba a instalarse en México, pero terminó en Tailandia por dudas sobre la energía que podría requerir en el futuro. Otro proyecto de granjas de servidores se fue a Brasil por la misma razón. No se fueron porque México no tenga talento. No se fueron porque México no sea competitivo. Se fueron porque cuando una empresa apuesta miles de millones, necesita tener total certeza de que tendrá electricidad hoy, mañana y dentro de diez años.
Quiero ejemplificar también con Querétaro y Aguascalientes, estados donde el crecimiento se frenó, entre otras razones, por los límites energéticos. Esto es importante porque si incluso entidades con vocación industrial, orden y dinamismo se empiezan a frenar por falta de energía, entonces el tema es muy serio.
La energía no es lo único que debemos ajustar. Medina Mora también señaló otro ajuste que puede detonar la inversión: la claridad en la interpretación de las reglas fiscales. El inversionista puede aguantar riesgos de mercado. Puede lidiar con competencia, con cambios internacionales, incluso con momentos de volatilidad, pero necesita entonces completa certeza en cuál va a ser la interpretación de las reglas fiscales que será válida para todos.
A eso hay que sumarle algo que en México lleva muchos años: abrir, operar o expandir un negocio suele ser una carrera de obstáculos. Trámites, permisos, criterios distintos, tiempos muertos, burocracia que desespera y decisiones que se empantanan.
México tiene que pasar de los anuncios de inversión a la inversión real. Los anuncios no contratan gente, no levantan fábricas, no pagan salarios y no convierten regiones enteras en polos de desarrollo. La inversión real sí.
Y, sin embargo, sería un error contar esta historia como si México fuera un país apagado. No lo es. La economía mexicana está viva, se mueve, respira, empuja. Basta mirar las carreteras llenas de tráileres o la saturación de puertos como Manzanillo para entenderlo. Los mexicanos somos muy trabajadores. El problema no es la ausencia total de actividad. Tiene razón Medina Mora, nuestro país es muy atractivo para la inversión y está lleno de oportunidades. Tenemos que solucionar esos cuellos de botella que impiden crecer más. Es como tener un motor encendido con el freno de mano puesto.
El gobierno priorizó la distribución de la riqueza y el combate a la desigualdad. Era justo y necesario concentrarse en los que se nos han quedado atrás, era un tema que no podía seguirse pateando. Gran acierto. Pero sin crecimiento económico, ni siquiera los programas sociales se pueden sostener con seriedad en el tiempo. Repartir sin crecer funciona un rato; después empieza a quedarse sin piso. Y ahí está la urgencia actual: crecer para incluir, crecer para sostener, crecer para que la política social no dependa sólo del discurso o del presupuesto de un año.
Pepe Medina Mora no habla desde el derrotismo. Al contrario. Recordó incluso el caso de una empresa alemana que decidió invertir en México no pensando en los problemas de hoy, sino en los próximos diez y veinte años. Esa mirada larga dice mucho. Desde fuera, muchos siguen viendo lo que a veces desde dentro olvidamos: México tiene una ventaja brutal por estar dentro de Norteamérica, una de las regiones más competitivas del mundo. El país sigue siendo atractivo. El talento mexicano sigue siendo valioso. La ubicación sigue siendo oro puro. El problema es que no basta con tener cartas buenas hay que saberlas jugar.
Por eso el debate importante no debería ser si México tiene potencial. Eso ya lo sabemos. La pregunta urgente es otra: ¿cómo vamos a quitar los obstáculos que impiden convertir ese potencial en inversión real? Está en nuestras manos arreglar los cuellos de botella en energía, certidumbre jurídica, infraestructura, seguridad y reglas fiscales claras. Cuando logremos avanzar en estos temas, veremos un mucho mayor interés por crear empleos en nuestro hermoso país.

