Lo que pasó en Caracas fue una advertencia: “Esto también puede tocarte” si te cruzas en el camino de Washington. La salida de Nicolás Maduro del poder —tras la operación estadounidense del 3 de enero de 2026— tiene a medio continente respirando, porque sí: con Maduro fuera, América Latina se siente un poco menos secuestrada por un caudillo. Pero el “suspiro” dura poquito cuando recuerdas que no era el único que Washington tiene como objetivo.

Quiero compartirles en este artículo varias de las cosas que platiqué con Arturo Sarukhán en mi podcast En Blanco y Negro, que pueden ver en

Estados Unidos no está fingiendo modestia. La idea que está empujando la Casa Blanca es simple y peligrosa: si sus intereses de seguridad, economía o estrategia se ven “amenazados”, se reserva el derecho de meter mano en el vecindario. Y esa mentalidad viene envuelta en un nombre de marketing que parece broma, pero no lo es: la “Doctrina Donroe”, mezcla de Donald con Monroe, usada para vender una política más dura en el hemisferio.

No es solo discurso. En la Estrategia de Seguridad Nacional publicada por la Casa Blanca (noviembre de 2025), el hemisferio occidental aparece como prioridad para frenar migración masiva, presionar cooperación contra cárteles y evitar “incursión” o control de activos por potencias extrahemisféricas. Dicho en otras palabras: “América primero… y América bajo control”.

Aquí entra México de lleno. Si Estados Unidos pone el foco en “control de fronteras”, crimen transnacional, migración y alineación con el gobierno de Cuba y de China, la frontera con México deja de ser un tema más y se vuelve el tablero principal. No hace falta que el documento diga “la número uno” con esas palabras: cuando te repiten “control total de fronteras” y te ponen al hemisferio como prioridad para evitar migración y combatir a las narcoorganizaciones, el mensaje es clarísimo.

Y ojo: sacar a Maduro no borró al chavismo. Lo que estamos viendo es más bien una transición rara: piezas del mismo aparato se quedan para “administrar” el país. De hecho, reportes señalan que una evaluación de la CIA recomendó apostar por figuras del círculo chavista para mantener estabilidad de corto plazo, en vez de intentar imponer a la oposición sin control real sobre los militares (algo que, sin “botas en el terreno”, sería prácticamente inviable).

En esa lógica encaja la hoja de ruta que empuja Marco Rubio: primero estabilizar, luego reordenar, y después buscar una salida electoral “gradual”. Suena a “transición”, pero también suena a “negociar con los que tienen las llaves del cuartel”, aunque no te gusten. Y ahí está el dilema moral: ¿cómo construyes democracia con quienes aprendieron a vivir sin ella?

Ahora, el golpe colateral para México: la política exterior de “trato cercano” con Caracas, La Habana y Managua hoy cuesta más. Washington trae el radar prendido, y el tema de los envíos de petróleo a Cuba es el ejemplo más fácil. En pocas palabras: lo que antes se vendía como “solidaridad”, hoy puede leerse en Washington como “apoyo a regímenes incómodos”.

La dictadura en Nicaragua amiga del chavismo y el castrismo ya reaccionó liberando presos políticos opositores; tal vez buscan evitar terminar igual que Maduro.

Mientras tanto, Estados Unidos tampoco está en paz consigo mismo: polarización, pleitos internos, y un presidente que suele usar conflictos externos para apretar filas. Eso vuelve la política exterior más impredecible: hoy te sonríen… mañana te aprietan con el codo.

Lo irónico es que, si Washington quiere de verdad reducir dependencia de Asia y asegurar cadenas de suministro, México y Canadá son parte de la respuesta, no del problema: integración productiva, comercio, y nearshoring. México incluso se consolidó como principal socio comercial de Estados Unidos en 2025, según reportes.

Y ahí viene el reloj que no se detiene: la revisión del T-MEC. La primera reunión formal está marcada para el 1 de julio de 2026, con reglas y plazos ya establecidos. El riesgo no es solo “renegociar”: es que la incertidumbre se coma inversiones, y que el acuerdo se vuelva un aparato que avanza… pero ya no da confianza.

La lección de Venezuela no es una sola, no es simplemente “qué bueno que se fue Maduro” y ya. También podemos leer que cuando Estados Unidos decide que su seguridad está en juego, el margen de maniobra de sus vecinos se encoge. México no se defiende con discursos bonitos ni con “no intervención” de manual, sino con resultados: cooperación inteligente contra el crimen, política exterior fina (no de ocurrencias), y un plan económico de competitividad interna que haga del T-MEC un escudo, no una ruleta. Porque si no ponemos orden en casa, alguien más va a querer venir a “ordenar” la cuadra, por lo menos, a la cúpula del gobierno.

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