Las mujeres necesitan hechos y resultados, no palabras

Enrique de la Madrid

En 2020 se registraron 3,723 muertes violentas de mujeres en México, un número similar a los 3,875 homicidios intencionales registrados en toda la Unión Europea en 2019, incluyendo hombres, mujeres y otros géneros. Esto nos dice que la violencia contra las mujeres en México es brutal, inaceptable y sería un grave escándalo en otros países.

Esa cifra podría ser peor, ya que no incluye a las mujeres desaparecidas. Por ello, en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, quiero exponerles algunas recomendaciones que me han compartido mujeres expertas en el tema para mejorar la seguridad de las mexicanas.

Para empezar, tenemos que mejorar la medición de la violencia contra las mujeres. Por ejemplo, las expertas de la organización Data Cívica analizaron los registros de mortalidad del Inegi de 2000 a 2017 y encontraron que la variable de “si existió o no violencia familiar” no está especificada en el 91.1% de homicidios a las mujeres.

Por otro lado, desde 2012 se incluyó en el registro la determinación de si el presunto agresor es pariente, cónyuge o qué parentesco tiene con la víctima, y este dato tampoco se especificó en el 95.1% de homicidios a las mujeres.

En ese contexto de falta de información, es fácil entender que haya tantas familias que llevan años luchando para que el asesinato de sus hijas, hermanas, madres y abuelas se tipifique como feminicidio, sin que en muchos de los casos lo hayan logrado.

Para que el homicidio de una mujer sea tipificado como feminicidio, es necesario determinar que fue asesinada por ser mujer. Esto no se consigue en muchos casos por lo que necesitamos mejorar la información que se obtiene de cada asesinato.

En Data Cívica proponen registrar más variables que describan mejor quiénes son las víctimas y quiénes son los agresores; cómo fue el evento; y que describan mejor el lugar en el que fue hallado el cuerpo. Con mayor información entenderemos mejor cómo prevenir estos inaceptables actos de violencia.

Debemos entender que los feminicidios son terribles por muchas razones, entre ellas el hecho de que las mujeres mueren con métodos que provocan mucho sufrimiento, como la asfixia o excesivos golpes corporales. 

También es importante destacar que el hogar suele ser un entorno seguro para los hombres, pero no lo es para muchas mujeres víctimas de la violencia intrafamiliar.

Para reducir la violencia debemos atender también a los agresores. Julieta Lujambio me comentó en un webinar sobre equidad de género que un estudio encontró que más del 80% de los criminales en México sufrieron alguna clase de abandono.

El problema es que la mayoría de las acciones para prevenir y atender la violencia de género contra las mujeres se enfocan en las víctimas y no en los agresores, y las pocas acciones se centran en sanciones. Esto me lo comentaron las expertas de Data Cívica.

Tenemos que atender a niños y jóvenes desde temprana edad para que nunca se vuelvan agresores. Prevenir los feminicidios, entre otros desafortunados fenómenos sociales, es menos costoso y más oportuno si lo hacemos desde etapas tempranas.

No obstante, estamos muy mal en prevención de violencia contra la mujer cuando cerca de la mitad de las empresas mexicanas ni siquiera cuentan con un protocolo de atención al acoso sexual, de acuerdo con la consultora especializada Aequales.

No está bien que las empresas y otras organizaciones improvisen ante un caso de acoso sexual, cuando en México nueve de cada diez mujeres han sufrido de violencia sexual en algún momento de su vida. 

Otra cuestión reveladora que me compartieron las expertas de Aequales, es que 8 de cada 10 empresas latinoamericanas no cuentan con una política de igualdad salarial; y 6 de cada 10 ni siquiera tienen una política de igualdad de género. 

Es decir, la mayoría de las empresas de nuestra región fomentan la violencia de género o se quedan muy cortas al momento de combatirla. También nos urge un cambio decidido a favor de las mujeres en el ambiente empresarial.

En este contexto, no sorprende el dato que me dijo Sylvia Sánchez Alcántara, que las mujeres reciben en promedio un salario 16% menor que el de los hombres, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas.

En la política parece que hay un mayor avance en la lucha contra la violencia de género gracias a la obligatoria paridad en el Poder Legislativo, a nivel federal y local. No obstante, falta mucho por hacer. 

Por ejemplo, en un webinar con Mariana Benítez y Carla Humphrey me contaron cómo es que los partidos políticos acatan la ley y postulan a un número similar de candidatas y candidatos, pero en el caso de ellas muchas veces no les dan los recursos suficientes para sus campañas políticas.

También me expusieron el caso de una regidora a la que no dejaban asumir su cargo por ser mujer; y cuando tras una sentencia se vieron obligados a dejarla asumir su cargo, no le querían pagar su sueldo; cuando otra sentencia los obligó a pagarle, le dieron una regiduría “de ornato”, para que limpiara las calles.

Eso es violencia de género y todo eso debemos combatirlo para evitar que escale a otros tipos de violencia más lamentables. Debemos normalizar que se respeten al mismo nivel los derechos de las mujeres y de todas las personas en su diversidad de género.

No es posible que muchas mujeres se sientan inseguras hasta en su propia casa, que en México mueran tantas y que todo esto no se refleje en la agenda pública como debería. Parece que algunas personas no tienen claro cuáles deben ser sus prioridades. Las mujeres necesitan hechos y resultados, no palabras.

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