La transformación en universidades de vanguardia

Enrique de la Madrid

Muchas universidades están tomando un papel aún más relevante en sus sociedades, incrementando el apoyo a emprendedores; transformando el entorno de sus comunidades; y asegurando que la investigación académica no se quede solamente en los libros, sino que termine siendo incorporada por empresas, gobiernos y organizaciones para así innovar en la forma en que se resuelven los problemas públicos.

Platiqué recientemente de esto con David Garza, Rector y Presidente Ejecutivo del Tecnológico de Monterrey, quien me dijo que ver a las universidades como un lugar donde sólo se prepara a estudiantes para obtener un empleo, es una visión reduccionista. Esto, ya que deben de preparar a las y los alumnos para la vida en general y no solamente dotarlos de habilidades técnicas.

Me comentó que la educación universitaria está cambiando, pues ya no se trata de que alumnos de la misma edad vayan al mismo salón, a aprender lo mismo y al mismo ritmo. Ahora las universidades deben ofrecer servicios de “Lifelong Learning”, es decir, que la gente a lo largo de su vida entre y salga constantemente de la universidad, obteniendo micro-credenciales y micro-lecciones para que cada quien complemente su formación según sus necesidades. No se trata solamente de obtener un título estandarizado de cuatro años de carrera creado para un gran volumen de gente.

Además, la educación transita a una mayor flexibilidad y que se basará más en experiencias que en dictados. David Garza me compartió un proverbio de Confucio al respecto: “Dímelo y lo olvidaré, muéstrame y lo recordaré, involúcrame y lo aprenderé”.

Como ejemplo, me dijo que la universidad que encabeza ha implementado un nuevo modelo educativo, en el que el 50% del plan de estudios se basa en retos de la vida real para los estudiantes. Muchos de estos retos los enfrentan directamente en empresas o en gobiernos.

Las universidades también realizan investigación para mejorar las sociedades, pero deben trabajar más duro en que sus hallazgos no se queden en papel, sino que realmente tengan un impacto positivo en lo económico, lo social y lo medioambiental, a través de emprendimientos o políticas públicas. Por ejemplo, David Garza me habló del Instituto para el Futuro de la Educación, donde intentan realizar innovaciones educativas basadas en las investigaciones más recientes.

Pocos actores sociales tienen tan buena posición como las universidades para coordinar e impulsar la colaboración entre empresas, gobierno, expertos y sociedad. Las universidades se deben vincular más con estos actores y con instituciones y personalidades internacionales relevantes. Todo esto lo resume David en el modelo universitario de las tres íes: Investigación, Innovación e Internacionalización.

David Garza y yo platicamos de lo rápido que está cambiando el mundo. Hay un tren del progreso que no espera a nadie y si México no se sube decididamente a él, se va a quedar cada vez más atrás. Por ello, coincido con él en cuanto a que las universidades deben amplificar su alcance para lograr un mayor impacto en justicia social y desarrollo económico en las sociedades a las que pertenecen.

Finalmente, también me comentó que debemos hacer ciudades más inteligentes y más tecnológicas, pero también más habitables y amigables con todos. Como él lo llama, más “high tech y más high touch”, que es la combinación de la alta tecnología con el alto contacto personal.

 

Director del Centro para el Futuro de las Ciudades del Tecnológico de Monterrey

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