La prioridad es preservar la salud y bienestar de todos los mexicanos 

Enrique de la Madrid

El coronavirus ya es un problema muy serio en México. Al momento de escribir este artículo llevamos 164 infectados y se registró la primera muerte. Se sospecha que hay muchos más casos porque no se han hecho las pruebas suficientes para detectarlos. 

Al día de hoy, no hay vacunas ni curas para hacer frente a este virus. Aunque ya se habla de vacunas en proceso, éstas llevarán todavía varios meses en desarrollarse, ser aprobadas y en su momento distribuidas al público en general. 

Además, debemos recordar que las vacunas nos ayudan a prevenir el virus antes de contagiarnos, no lo curan ya que estamos infectados. La única solución para México y el mundo en el corto plazo es el distanciamiento social. 

Durante una pandemia, como lo es hoy el coronavirus, el número de contagiados crece de forma muy rápida, de forma exponencial. Para cerca del 80 por ciento de los infectados los síntomas serán leves y fáciles de tratar. El problema es que un cierto número de personas sí requerirá de apoyo hospitalario, toda vez que su enfermedad se complicará y el riesgo es que este número supere la capacidad de atención del sistema de salud de nuestro país y con ello ponga en peligro la vida de miles de mexicanos. 

Esa situación es la que han experimentado en Italia, y por no tener capacidad para atender a miles la tasa de mortalidad ha sido el doble que a nivel internacional; en México debemos evitar llegar a ese punto y la única forma en que podemos lograrlo es quedándonos en casa.  

En Estados Unidos estiman que cerca del 70 por ciento de la población se contagiará. Lo mismo podría pasar en nuestro país. El reto es lograr que estos contagios se realicen en un periodo más largo de tiempo y con ello evitemos la congestión hospitalaria que es la que pone en peligro la salud y la vida de las personas. 

Reconozco que estas son decisiones muy difíciles y complejas para las autoridades. Pedirle a las personas que se queden en sus casas y no vayan a la escuela o trabajar es la mejor medida para preservar su salud, no obstante esta ausencia tiene consecuencias y costos, se provoca un estancamiento económico, probablemente una recesión, y con ello la pérdida de bienestar material, emocional y hasta físico para millones de mexicanos. Por ello es necesario encontrar un equilibrio entre las sugerencias de los expertos en economía y en salud. En política muchas veces tienes que escoger la menos mala de las posturas, pero tienes que escoger una y ser firme y consistente en su difusión e instrumentación. 

Hoy no se percibe esta firmeza y consistencia de parte de las autoridades federales, y por ello algunos estados y la sociedad empiezan a tomar decisiones por su cuenta, en parte influenciados por la enorme cantidad de información que hoy todos tenemos gracias a internet y las redes sociales sobre lo ocurrido en otros países y sobre las medidas que han funcionado y las que no lo han hecho. 

Para evitar el contagio se requiere del distanciamiento social, pero para enfrentar las consecuencias económicas de dichas medidas se requiere de lo contrario, el acercamiento y la coordinación, principalmente de las autoridades para organizar el apoyo a las empresas y las personas más vulnerables con el fin de hacer frente a esta difícil situación con el menor daño posible. 

Como consecuencia del distanciamiento social en México y el mundo prácticamente todos los sectores de la economía ser verán afectados, pero unos antes y más que otros. Por ejemplo, la gente ha dejado de viajar, tanto entre países como al interior, afectando con ello a las líneas aéreas y de transporte de pasajeros así como a la hotelería.  De igual forma la gente no saldrá a comer a restaurantes o a la calle. Esto representa una caída inmediata en los ingresos de estos negocios, poniendo en riesgo la posibilidad de hacer frente al pago de su nómina y el cumpliemiento de sus compromisos con proveedores, bancos y el fisco, entre otros. 

Esto es lo que se conoce como una crisis de liquidez, que si no se atiende se convierte en una crisis de solvencia, es decir, cuando los negocios ya no pueden salir adelante y quiebran. Una quiebra generalizada de negocios afecta a toda la economía en su conjunto, generando la quiebra de otros negocios en cadena y el surgimiento de una crisis económica profunda con una enorme generación de desempleo y pérdida de riqueza de la sociedad. 

Es aquí donde ser requiere la intervención decidida, coordinada y suficiente del Estado para resolver lo que el mercado no puede por sí mismo. 

Así han actuado los gobiernos de China, Corea del Sur, Italia, Francia, Estados Unidos y muchos otros, y así es como tienen que actuar nuestros gobiernos federal y estatales. 

Quiero ahora mencionar de manera rápida algunas de las acciones mínimas que se tendrán que emprender y cuya intensidad dependerá de la eficacia de las acciones y de la profundidad de la crisis. Estas recomendaciones surgen de la experiencia personal de años de servicio público y haber vivido crisis bancarias, sismos, huracanes y hasta la influenza AH1N1, además de observar lo que han implementado otros países. 

Apretarse el cinturón: Las empresas y las personas nos tendremos que apretar el cinturón en estos momentos difíciles. Ya hay anuncios de disminución de salarios de altos ejecutivos así como del personal, la disminución de la jornada laboral, y en general la posposición de toda inversión que no sea estrictamente indispensable con el fin de preservar el empleo y la viabilidad de la empresa. Estos ajustes son mejores entre más rápido se lleven a cabo. 

Proteger la liquidez de las empresas: Es necesario apoyar a las empresas que lo requieran, a los bancos comerciales y de desarrollo para facilitar la prórroga de pagos de capital, y en su caso de intereses, así como de facilitar reestructuras de adeudos para defender la liquidez de las empresas. Para ello será necesario un programa de garantías estatales y de facilidades regulatorias por parte de la autoridad. 

Posponer impuestos: Hay que apoyar a las empresas y las personas físicas con la recalendarización de sus obligaciones fiscales, desde las declaraciones parciales y anuales, hasta el pago de las contribuciones como el ISR y el IVA. Hablando del IVA, es muy importante que el fisco agilice su devolución a las empresas o permita que se acredite contra otros impuestos, lo que sea más rápido. 

Lo mismo deben hacer las entidades federativas con el impuestos a la nómina y otras contribuciones estatales. Es claro que habrá una caída a los ingresos del estado también, pero el mejor contribuyente es el que se mantiene vivo. 

Apoyos al abasto: México tiene una enorme proporción de su economía en el sector informal, por ello muchos de los apoyos del gobierno tienen que ir directamente a la gente. El primer apoyo debe ser una importantísima inversión en el sector hospitalario del país y sobre todo en equipos de asistencia respiratoria, en equipamiento médico y en el personal. Es ahí donde se salvarán o perderán vidas. 

De igual forma debe haber un muy importante programa de apoyo al abasto a través de instituciones como Liconsa y Diconsa en coordinación con las cadenas de autoservicio del país. Garantizar la alimentación de las personas que más lo necesitan es la prioridad. 

Reasignación del gasto público: Estos apoyos requieren sin duda de importantes recursos públicos. Todo gobierno tiene proyectos y planes con los cuales quiere impulsar el desarrollo del país, sin embargo, tiene que ser capaz de reaccionar ante la coyuntura que le toca enfrentar. 

Ahora es prioritario reasignar el gasto de proyectos que se pueden posponer para atender esta emergencia. Pienso en gasto corriente que se puede todavía limitar más, pero pienso sobre todo en inversiones en infraestructura muy relevantes para esta administración como Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas y el mismo Tren Maya. ¿Cómo se podría justificar seguir adelante con estas inversiones en lugar de invertir en la vida y el bienestar de los mexicanos? 

Son tiempos difíciles y aquí es donde los mexicanos siempre sacamos lo mejor de nosotros. Es ante la adversidad cuando nos crecemos. Alrededor de huracanes, sismos y ahora ante la crisis del coronavirus y sus secuelas es que debemos mostrar a ese mexicano solidario, compasivo y empático que todos llevamos dentro. 

 

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