La estrategia para que más mexicanos superen la pobreza (I)

Enrique de la Madrid

Recientemente entrevisté al Dr. Santiago Levy en el programa de televisión que conduzco, Ahora Futuro; México y el Mundo, para abordar el tema de la pobreza. En este artículo y en el de la próxima semana, compartiré con ustedes un resumen de lo que conversamos.

El Dr. Levy me platicó cuáles han sido las estrategias que hemos seguido como país para ayudar a los mexicanos a superar la pobreza. Hasta mediados de la década de los noventa, en México nos enfocamos principalmente a subsidiar el precio de alimentos básicos, como la tortilla, y a repartir otros alimentos, como la leche, para apoyar la subsistencia de las personas, lo que tuvo muy poca incidencia en la reducción de la pobreza ya que esta condición no se supera únicamente con acceso a alimentos. Aunque algunas personas comían mejor, esto no les servía de mucho porque tenían serios problemas estomacales o infecciosos que les impedían aprovechar adecuadamente los nutrientes. Además de eso, muchos no iban a la escuela y esto complicaba que superaran la pobreza, pues no tenían la capacitación ni la visión necesaria para salir de ella. 

De acuerdo con Santiago Levy, a partir de 1997 la estrategia cambió con la creación del programa “Progresa”, que en lugar de subsidiar alimentos se enfocó en mejorar las capacidades de las personas al fomentar la educación y la salud de los niños. Progresa entregó apoyos monetarios condicionados para mejorar la alimentación de las familias. Para recibir los recursos, los niños tenían que acudir a la escuela, a revisiones médicas periódicas, a las campañas de vacunación y en cierta medida comprobar una correcta nutrición. Así se fomentaba que los jóvenes tuvieran más y mejor acceso a educación, nutrición y a servicios de salud que los que llegaron a tener sus padres, de forma que se rompiera la inercia de transmisión intergeneracional de la pobreza. El principal objetivo eran los niños y los adolescentes, pero también había atención médica y orientación para los padres.

Además, el dinero no se desperdiciaba en subsidiar el precio de alimentos para quien no lo necesitaba, por lo que los recursos se focalizaron mejor y por eso se otorgaba un mayor apoyo económico a las familias que más lo necesitaban.

El programa se mantuvo por 20 años y trascendió diferentes administraciones. Cada una de ellas intentó mejorar algunos componentes del programa e incrementar el número de beneficiarios, también cambiándole el nombre, pero el espíritu del proyecto era el mismo. De acuerdo con el Dr. Levy, en 1997 el programa atendió a 300 mil familias y para 2018 el número de beneficiarios se elevó a seis millones y medio de familias mexicanas, en un país que cuenta con alrededor de 25 millones de familias. Esto significa que con un costo del 0.4% del PIB, se atendía a una cuarta parte de ellas, siendo una inversión muy rentable.

El Dr. Levy me habló sobre las muchas mediciones que evidencian el éxito del programa. Algunos ejemplos son el haber logrado reducir la morbilidad de las familias en pobreza, mejorar su estado nutricional, reducir la pérdida de días de escuela y trabajo (por enfermedad), un mayor consumo de vitaminas, fomentar dietas más balanceadas, mejoras importantes en la escolaridad de la población, y más niños superando grados escolares. El éxito del programa impulsó a que alrededor de 40 países de Latinoamérica, África y Asia, con la misma problemática, lo emularan. En Brasil, por ejemplo, lo implementaron con el nombre de “Bolsa Escola” y luego se lo cambiaron a “Bolsa Familia”; en Colombia lo denominaron “Familias en Acción”; y en Ecuador lo llamaron “Bono de Desarrollo Humano”.

La actual administración de México canceló el programa y ahora sólo se entregan becas educativas, mientras que los apoyos económicos para las familias más vulnerables ya no están condicionados a la asistencia de los más jóvenes a revisiones médicas periódicas y a la escuela. Por ello y a mi parecer, es evidente el riesgo de que los niños que se encuentran en pobreza obtengan una alimentación y un cuidado a su salud más deteriorados de los que tuvieron sus padres cuando fueron niños, lo que afectará severamente su desarrollo y sus capacidades para el resto de la vida. Conforme se publiquen las evaluaciones a los diferentes programas de la administración actual, podremos determinar si estos cambios en la política pública resultaron positivos o negativos.

Como acertadamente señala el Dr. Levy, si bien el programa Progresa fue exitoso en el objetivo de incrementar las capacidades en los hijos de las familias más pobres, no logró reducir la pobreza significativamente pues nos faltó mejorar las condiciones para que los mexicanos pudieran convertir ese incremento de capacidades en un incremento de ingresos. Sobre ello tratará mi siguiente artículo.

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios