La crisis climática ya está aquí, aunque no queramos verla

Enrique de la Madrid

El pasado fin de semana tuve el gusto de escalar hasta la cima del Iztaccíhuatl. Fue un gran esfuerzo físico y de concentración mental, pero sobre todo de convivencia con la hermosa naturaleza que tenemos en México. No obstante, también fue un gran momento de reflexión sobre el daño que nos está haciendo el cambio climático y que parece no nos queremos dar cuenta.

El volcán Iztaccíhuatl llegó a tener once glaciares, pero el calentamiento global ha hecho que sólo queden tres. En todo México ya sólo hay cinco glaciares y los otros dos están en el Pico de Orizaba, el Citlaltépetl. 

Los cinco glaciares mexicanos ocupan menos de un kilómetro cuadrado de hielo de acuerdo con especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Lo más grave es que se espera que en los próximos cinco años desaparezcan los tres glaciares del Iztaccíhuatl y que en menos de dos décadas desaparezcan los dos glaciares del Citlaltépetl.

Es justo en los glaciares donde mejor se aprecia el avance del cambio climático y todo el daño que le hemos estado haciendo al planeta.

Cerca de tres cuartas partes del agua dulce de nuestro planeta están contenidas en los glaciares y mantos de hielo, 97% de esa agua es de muy difícil acceso por encontrarse en la Antártida, el Ártico y Groenlandia. No obstante, los que se encuentran en zonas habitadas también son vitales para los humanos y los estamos perdiendo.  

Por ejemplo, casi dos mil millones de personas dependen del agua dulce de la cordillera del Himalaya, que nutre de agua a algunos de los ríos más importantes del mundo como el Ganges, Indo, Brahmaputra, Yamuna y Yangtsé.

Además de proveer agua dulce, al ser blancos los glaciares reflejan buena parte de los rayos solares, pero cuando se derriten y solo quedan rocas de color oscuro, estas absorben más radiación solar y contribuyen así a un mayor calentamiento del planeta.  

Uno de los glaciares más famosos del Iztaccíhuatl se llamaba Ayoloco, que en náhuatl significa corazón de agua, pero es un corazón que ha dejado de latir. Desde hace más de 20 años los expertos advirtieron que desaparecería si no hacíamos algo, no obstante, en 2018 se declaró su extinción y se colocó una placa que dice:

“Aquí estaba el glaciar Ayoloco y retrocedió hasta desaparecer en 2018. En las próximas décadas los glaciares mexicanos retrocederán irremediablemente. Esta placa es para dejar constancia de que sabíamos lo que estaba sucediendo y lo que era necesario hacer, solo ustedes sabrán si lo hicimos”.

No es sólo Ayoloco el corazón que dejó de latir. El corazón del mundo está en grave riesgo.  

Nos dirigimos a una etapa de grave escasez de agua y ya tuvimos avisos como cuando Taiwán dejó de producir muchos microchips por falta de agua, lo que elevó gravemente los precios de los dispositivos electrónicos en 2021. En 2022 el precio de los alimentos ha subido como efecto de la pandemia y de la invasión de Rusia a Ucrania, pero también por sequías que enfrentan, entre otros, los países latinoamericanos.  

El mundo que estamos construyendo es uno donde la agricultura tradicional está condenada al fracaso, pero sólo unos pocos agricultores pueden hacer agricultura controlada, dentro de invernaderos tecnológicos y ese es un mundo lleno de hambre para los 10 mil millones de humanos que seremos hacia 2050.

México es de los países más vulnerables ante el cambio climático, eso nos obliga a ser de los más solidarios en el combate a la emisión de gases de efecto invernadero. Eso también nos compromete a ser uno de los países que más reduzca la quema de combustibles fósiles y más cuando somos uno de los territorios con mayor potencial de energía solar, eólica y geotérmica, pero nos limitamos a producir 12% de nuestra electricidad a partir de estos medios, cuando en Uruguay representan el 44% de su electricidad o el 60% en un país como Dinamarca.  

Me pregunto, qué pasará si en dos o tres años en Monterrey tienen que limitar su consumo de agua bastante más de lo que pasó en este 2022. ¿Cuántos empleos se perderán por la dependencia al agua de la industria regiomontana? Me pregunto qué pasará con los agricultores de Michoacán y de otras entidades del país si llegan a sufrir una mayor falta de agua.  

Lo que nos estamos jugando es nuestra permanencia sobre la faz de la Tierra, nuestra capacidad de alimentarnos, de vivir en paz y de poder vivir. Ya es tiempo de tomar cartas serias en el asunto o pronto será muy tarde.

Director del Centro para el Futuro de las Ciudades del Tecnológico de Monterrey

 

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