Todos queremos ser felices, pero pocos saben cómo. Y lo peor: muchos creemos que la felicidad es cuestión de suerte, de dinero o de tener “todo resuelto”. Pero no. Resulta que hay ciencia detrás del bienestar, y se puede aprender.

De esto platiqué con la Dra. Margarita Tarragona en mi podcast En Blanco y Negro que pueden ver en

Margarita me contó que durante buen aparte de su historia, la psicología se enfocó en lo que no funciona, como enfermedades, traumas, carencias, buscando su origen, por ejemplo con la psicoterapia; no obstante, recientemente se enfoca más en los patrones y conductas que nos hacen más felices, cómo hace la psicología positiva, iniciada por Martin Seligman, que trabaja por entender qué hace que la gente viva bien, y no solo sobreviva.

Y lo primero que hay que entender es esto: nuestra mente no está programada para la felicidad. Tenemos un sesgo negativo que nos hace fijarnos más en lo que falta, en lo que salió mal. Como decía Rick Hanson, de la Universidad de California: “La mente tiene teflón para lo bueno y velcro para lo malo”.

Este sesgo era particularmente útil cuando vivíamos en cavernas y era mejor espantarnos hasta de un palo por confundirlo con una serpiente que ser confiados y por ello algún día ser atacados por una serpiente cuando pareciera un palo.

Hoy, ese sistema de alerta sigue siendo útil, aunque en menor medida porque hay menos amenazas a nuestra vida que cuando vivíamos en las cavernas, y por otro lado, nos genera ansiedad, frustración y estrés si estamos demasiado alertas a riesgos.

Aquí es donde entran herramientas como la gratitud, que no es cursi, es estrategia. Numerosos estudios han demostrado que escribir cada noche tres cosas buenas que te pasaron en el día puede elevar significativamente tus niveles de felicidad en pocas semanas. ¿Por qué? Porque obliga a tu cerebro a enfocar su atención en lo que sí está bien. Y, si lo haces a diario, se convierte en costumbre; una especie de gimnasio para el alma. Así también le pones velcro a lo bueno.

Otra fuente clave de bienestar son nuestras relaciones humanas. El estudio más largo sobre la felicidad —hecho en Harvard durante más de 80 años— lo dijo sin rodeos: lo que más predice una vida plena es la calidad de tus vínculos personales, no el dinero ni los logros. En América Latina, a pesar de nuestros problemas económicos, salimos bien posicionados en rankings de felicidad. ¿Por qué? Porque todavía tenemos tiempo para comer en familia, platicar con la vecina o cuidar a los abuelos. Eso tiene valor.

También está el optimismo, pero no ese que finge que todo está bien. El optimismo real consiste en esperar lo mejor y creer que puedes hacer algo para lograrlo. Se ha visto que los optimistas enfrentan más los problemas, mientras que los pesimistas tienden a evadirlos. Como dijo alguien: “Los problemas gritan, pero las oportunidades susurran.” Si siempre estás en modo catástrofe, no las oyes.

Y si algo ayuda a encontrar dirección en medio del caos, es tener un propósito. No hablamos de grandes causas o cambiar el mundo, sino de algo que te mueva; un “sentido”, saber hacia dónde vas. Tener propósito es como tener una brújula: no te quita los obstáculos, pero te indica el camino. Según los estudios, las cuatro grandes fuentes de sentido son: el trabajo, las relaciones cercanas, la espiritualidad y la trascendencia. Ahí es donde podemos echar raíces.

¿Y el dinero? Sí importa… hasta cierto punto. Para empezar, es muy complicado ser feliz si no hay recursos ni para comer, vestir o darle alimento a tus hijos. Por ello necesitamos todos generar un mínimo de recursos para cubrir un mínimo de necesidades.

Como dijo el Nobel de Economía Daniel Kahneman, más ingresos sí aumentan la felicidad, pero solo hasta que cubres tus necesidades básicas. Después, se estanca.

La buena noticia es que la felicidad no depende solo de tus circunstancias, sino de tus hábitos mentales. No necesitas volverte gurú ni leer 10 libros de autoayuda. Solo empezar hoy. Escribe tres cosas buenas que te hayan pasado. Llama a un ser querido. Haz algo amable por alguien. Agradece que amaneciste.

Porque, como decía Henry David Thoreau: “La felicidad es como una mariposa: cuanto más la persigues, más se aleja. Pero si te enfocas en otras cosas, ella vendrá y se posará suavemente sobre tu hombro.”

Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios