Combatamos la polarización con apertura a la evidencia y empatía

Enrique de la Madrid

Vivimos en una época en la que muchas personas debaten para no llegar a ningún acuerdo, sino simplemente para atacar a las y los que piensan diferente. Esto es muy peligroso. El diálogo político debe buscar acuerdos y armonizar a los contrarios, y no crear divisiones rencorosas en las que se haga una interpretación de la vida a través de “ellos y nosotros”, en la que la política se limite a estás “conmigo o contra mí” y como estás contra mí, descarto cualquier punto de vista, opinión o propuesta que tengas.

Una visión tan polarizada de la sociedad nos ha dado lecciones importantes a lo largo de la historia, con el surgimiento del nazismo, al cual se le alimentó a partir de la polarización; así como con el totalitarismo de la Unión Soviética y con otros movimientos confrontacionales, como el del expresidente Donald Trump.

La exacerbada polarización se da en parte porque tenemos nuestra forma de ver el mundo y nos aferramos demasiado a ella, con lo que la verdad, la evidencia y los datos se vuelven irrelevantes. Si los datos no concuerdan con mi visión de la realidad, pues el problema son los datos. No estamos dispuestos a ser autocríticos y preferimos distorsionar los datos y la evidencia para que calcen a la fuerza con nuestra visión.

Todo el mundo tiene derecho a tener un punto de vista o su interpretación de los hechos, pero debemos aceptar que la verdad es una. Sin embargo, como me comentaron recientemente Georgina Jiménez y Óscar Elton de Data Cívica, hay muchas investigaciones sobre cómo la evidencia y los datos no necesariamente cambian nuestra opinión por más equivocados que estemos.

Deberíamos de estar lo suficientemente abiertos de mente para actualizar nuestras ideas y creencias conforme encontramos nueva evidencia que mejore nuestra comprensión del mundo. Así funciona la ciencia, en la que la evidencia tiene mucho mayor peso que las creencias y preferencias de los individuos. Gracias a ello, la ciencia ha llegado tan lejos y ha transformado la manera en la que nos comunicamos, nos relacionamos, nos transportamos, cuidamos nuestra salud, entre muchas otras cosas.

Es válido tener una opinión; es humano tener un impulso a interpretar la información de acuerdo con lo que hemos vivido, pero es muy dañino exagerar y cerrarnos a la autocrítica. 

También platiqué con Georgina y Óscar sobre la importancia de saber comunicar mejor la información. Hay una expresión en inglés que dice “numbers don’t cry”, es decir, los datos por sí mismos muchas veces no son capaces de cambiar nuestras creencias, sentimientos y opiniones, o de movernos a la acción. Hay que saber emplearlos para contar historias de una forma que sí mueva a la gente.

En la plática también se resaltó que los datos no son perfectos, sino que debemos de comprender cómo fueron construidos, quién los hizo, con qué intención, y cuáles son sus alcances y limitaciones para manejarlos adecuadamente. 

También es importante destacar el valor del periodismo independiente y cuyos ingresos no dependen únicamente de que unas cuantas personas le den click para entrar a sus contenidos. Cuando esto pasa, el medio está obligado a ganar usuarios para salir adelante, lo que puede incentivar a sus periodistas a no priorizar la verdad, sino difundir cosas que se aprovechen de nuestras emociones (aunque sean noticias falsas o incitaciones a la polarización). Necesitamos procurar un periodismo libre de presiones gubernamentales y de la tentación de las fake news, cuyo objetivo sea difundir la verdad de la forma menos sesgada posible.

Para combatir las mentiras, la llamada posverdad y la excesiva polarización, es necesario que le demos más peso a la evidencia, a los datos, pero también son necesarias dos cosas más:

1. Fortalecer la cultura de la ciencia de datos en la sociedad, para que más gente entienda la información y cómo hacer un uso adecuado de ella. Una sociedad más capacitada para manejar información, es más difícil de engañar y manipular, además de que toma mejores decisiones. 

2. Construir una sociedad con mayor empatía, que se ponga en los zapatos de los demás y que busque ayudarlos, no simplemente a atacar a los que piensan diferente. En vez de construir barreras y divisiones sociales, construyamos puentes.

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