México en la vicepresidencia de EU

Enrique Berruga Filloy

Tanto en México como en América Central la violencia y la inseguridad inciden de manera más directa en la decisión para emigrar

El dato más significativo de la visita de la Vicepresidenta Kamala Harris es el hecho de que sea la segunda de a bordo del gobierno estadounidense quien tenga el encargo de atender los asuntos de México. Es decir, desde esa oficina pueden movilizarse los recursos y las políticas de todas las áreas de gobierno, a diferencia de que la responsabilidad recayera como normalmente se hacía, en el Departamento de Estado. Una estrategia coordinada por la vicepresidencia debe ser capaz de alinear a la DEA, al departamento del Tesoro, al de Seguridad Interna y la policía fronteriza, entre otros. En el fondo es un reconocimiento de que México se cuece aparte dentro del gran espectro de las relaciones internacionales que debe atender la superpotencia.

Esto es así porque, a diferencia de otros países, las acciones y omisiones de México repercuten en el ámbito interno de Estados Unidos como en ningún otro caso. La primera gira internacional de Kamala Harris responde a esta realidad. En su arranque, la administración Biden goza de altos niveles de aprobación en prácticamente todos los rubros, excepto en el capítulo migratorio. Una mayoría de los norteamericanos considera que las políticas de Trump eran más eficaces para detener los flujos de migrantes que las acciones emprendidas por el nuevo presidente. Así las cosas, tomaron la decisión de utilizar la bala de plata que significa la Vicepresidencia de los Estados Unidos.

Si Kamala juega bien sus cartas y tiene éxito en contener los flujos migratorios, sus credenciales para alcanzar eventualmente la Casa Blanca aumentarán sustancialmente. Los efectos que alcance su estrategia sobre la realidad de México y de Centroamérica serán su pasaporte o su tumba para alcanzar la candidatura demócrata. De esta forma, la Sra. Harris mantendrá una vigilancia constate y directa de las reacciones y la respuesta que vaya observando de sus vecinos del sur. La visita que realizó esta semana es tan sólo el detonador de un proceso que será monitoreado cuidadosamente en Washington.

Desde finales del 2019 los flujos migratorios de ciudadanos mexicanos han ido aumentando, hasta rebasar en números totales a los centroamericanos. Así, el bienestar económico de México se torna en prioritario en las preocupaciones Washington. Y esto es parcialmente cierto; la economía mexicana necesita crecer para arraigar a nuestra gente. Sin embargo, las condiciones han cambiado y esta es ya una película incompleta. Tanto en México como en América Central el componente de la violencia y la inseguridad han ido incidiendo de manera más directa en la decisión de muchos para emigrar. Los más altos expulsores de migrantes proceden de municipios y regiones asoladas por el crimen, más que la pobreza. De ahí que el paquete de medidas que trajo en la maleta la Vicepresidenta Harris no sólo incluyera apoyos económicos y de inversión, sino también un capítulo clave en materia de cooperación contra el crimen y la delincuencia. Es en este terreno donde pueden salir más chispazos y desencuentros puesto que implica un cambio radical en la manera en que México atiende los problemas de inseguridad. Estados Unidos está consciente de que la generación de empleos será insuficiente para contener a los desplazados, por lo cual resulta necesario enfrentar de manera distinta y más firme a las bandas delincuenciales. Este es el punto de acuerdo más sensible y complicado en las relaciones bilaterales.

En las próximas semanas, más allá de los boletines de prensa y los comunicados conjuntos, debemos observar qué tipo de enviados llegan a México. Ya se aparecieron por estas tierras los altos mandos de la CIA y se anuncia la visita del Secretario de Seguridad Interna. Con toda probabilidad, la seguridad será el aspecto dominante de la agenda bilateral y donde pondrá el acento la Sra. Harris. Aunque no fuésemos vecinos de Estados Unidos (como no lo es Honduras, por ejemplo) es imprescindible detener la espiral de violencia que nos agobia. El tiempo dirá si logramos construir una estrategia regional o si continuaremos con los fallidos esfuerzos unilaterales.

 

Internacionalista

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