OPINIÓN EXPRÉS
A su lista de desafíos en materia de salud, conflicto racial y reactivación económica, Joe Biden tendrá que sumar el abierto enfrentamiento político entre ganadores y perdedores de esta contienda.
Un hombre tan ególatra como Donald Trump que continuamente afirmaba que ningún presidente, salvo Abraham Lincoln, había logrado tantos éxitos para su país, de manera alguna dará su brazo a torcer y buscará culpables en cada rincón del escenario político norteamericano.
Esperemos a un Trump sin ataduras ni controles de ninguna especie que, además de denunciar sistemáticamente que le robaron la presidencia, será una presencia permanente en los medios con el propósito de cobrar venganza en 2024, sea como candidato él mismo o mediante alguno de sus acólitos más leales o incluso alguno de los miembros de su familia, a los que tanto ha encumbrado desde la Casa Blanca.
La última, pero no menor complicación para la presidencia de Biden, serán las presiones que reciba del ala más radical en la izquierda del partido demócrata. Ese sector habrá de reclamarle que meta en cintura a las empresas petroleras y a los multi billonarios, que altere la estructura de la Suprema Corte de Justicia y ofrezca espacios inéditos a los afroamericanos y otras minorías. Inevitablemente tendrá que pedirles una tregua, pero las presiones para deshacer cualquier residuo del trumpismo, requerirán de un manejo político muy fino.
Así las cosas, Biden tendrá que volar el avión y pintarlo al mismo tiempo.
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