Rescatemos al Chicharito

Enrique Beas

El goleador histórico de la Selección Mexicana perdió su camino, se dejó llevar por las ideas de los charlatanes emocionales de inteligencia de superación personal

Así como se lee, se escucha y se siente. Urge que alguien le ponga lucidez y coherencia a la operación “Rescate al Chicharito”. No lo podemos negar, el mejor delantero después de Hugo, el goleador histórico de la Selección Mexicana, perdió su camino, se dejó llevar por la ideas de los charlatanes emocionales de inteligencia de superación personal. En pocas palabras, tipos que viven de la estafa, gracias a sus poesías batatas en movimiento.

Es cierto, la fama en abundancia para un deportista en México, donde estamos necesitados de héroes y bastiones sociales que nos den algo de aliento en una tierra donde cada día nos empecinamos a odiarnos, puede ser el centro de todos nuestros debates. Ahí surgió el gran y carismático goleador del Rebaño, el hombre gol del Tri, el joven que jugó muy rápido una final de Champions, que fue fichado por Real Madrid y que —en su imagen— se vendía como el niño bueno de la cuadra, el bien peinado, el chico de una familia tan mexicana como la Hernández Balcázar.

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Estirpe de futbolistas y galán de anuncios, el muchacho perdió la brújula. El problema es que perdió el gol y el hambre por seguir haciendo lo que hacía mejor que nadie: luchar y moverse en él área para definir —como sea— cualquier jugada. No le queda mucho tiempo y su aventura en California, en el American Dream, lo ha llevado al límite, al nivel más bajo y vergonzoso. Lo peor es que tiene la presión y la necesidad de ser el que más rinda, al ser el que más cobra.

Por eso, en el vestuario ya no hay quien lo tolore y este fin de semana su DT, Guillermo Barros Schelotto, ya lo evidenció en público. Por eso, urge que en las Chivas rescaten a uno de los últimos orgullos de la cantera, para revalorizar y generar un cierre de ciclo como profesional —por la puerta grande— a uno de los jugadores más simbólicos que ha dado nuestro país. Tirar a la basura tanto prestigio, sólo por vanidad, ego o malas influencias de pepenadores de los sentimientos, no vale la pena.

Ojalá Amaury sepa todo lo que representaría el regreso del Chícharo a Guadalajara. Y ojalá Javier sepa que, en su destacada carrera, su final no puede ser tan espantoso como ha sido su vida con el Galaxy. ¡Bienvenidos, bienvenidos! A la operación “Rescatemos al Chícharo”. 
@EnriqueVonBeas
 

 

 

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