Miren, es una realidad que nuestra Liga MX se cae a pedazos. Los héroes e ídolos, la figuras, se secaron. André-Pierre Gignac , Cabecita Rodríguez y Rogelio Funes Mori, bajaron su cuota este semestre, como nunca antes.
Más de 20 partidos terminaron 0-0 y el resultado que más se repitió fue el 1-0.
Ante tanta ausencia de emociones durante 17 semanas, llegó el Día de Muertos para conectarnos de nuevo con nuestro orgullo, y en Las Vegas e Iztacalco mandar un mensaje a todo el mundo de lo chingones que somos los mexicanos cuando hay trabajo.

El sábado, vibramos con el Canelo Álvarez , y su nocaut en el undécimo episodio fue jubiloso, letal. Hay que reconocer que Saúl, hoy por hoy, es el mejor libra por libra del mundo, que nadie había ganado los cuatro cetros de los supermedianos de forma unificada; es decir, campeón a todas luces y en todas las organizaciones del mundo de los puños.
Además, es un ídolo que ayuda a su entorno y a los mexicanos, con todo y que vivió una situación de seguridad compleja. Un tipo que ama a México y es amado por los mexicanos.
El domingo, el Autódromo Hermanos Rodríguez también rugió —y de qué forma— al ser testigo del primer podio de un mexicano en su país.
Además de ser, hoy por hoy, uno de los grandes ídolos nacionales, Sergio Pérez llevó a miles de personas al Ángel de la Independencia a festejar su logro.
Dos deportistas que han batallado y se han superado año con año. Hoy están en plenitud, viven su mejor momento, superando las críticas constantes, muchas de estas injustificadas, otras naturales por la profesión que ejercen, y el reto y compromiso que tienen.
Pero lo de este fin de semana nadie nos lo quita. Las emociones que nos dieron, después de meses de muy poco espectáculo deportivo en el país, fueron de mucho orgullo.
Sin duda, y sin exagerar, lo que hoy mueven el Canelo y Checo no se compara con nada.
¡Bienvenidos, bienvenidos! A los que nos hacen sentir a México en la piel.
@EnriqueVonBeas