A lo Atlas

Enrique Beas

Al parecer, el eslogan “A lo Atlas” ya dejó atrás la concepción de competir sobre la hora, para convertirse en el equipo desalmado

Así arrancó el torneo, dejando ir dos oportunidades directas de sumar 12 puntos, en temas de la tabla de cocientes, ya que sus dos primeros partidos eran para conseguir seis unidades en cada uno, en cuanto a la tabla que antes definía el descenso.

Hoy suma 78 puntos en 86 juegos, cuando podría estar con 90 unidades en esa misma cantidad de partidos y superar al Atlético de San Luis, además ponerse a ocho puntos de Gallos y a 8 también de Tijuana; ahora cada uno le saca más de 20.

Al parecer, nadie salvará de la quema (ni el Atlético de San Luis) al proyecto rojinegro.

Es cierto, ya nadie desciende, pero eso imposibilita clasificar a la Liguilla, ni en la posición 12 de la tabla, vía repechaje.

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Además, existe la posibilidad de que asegure ser el último de la tabla de cocientes antes de la fecha 10, porque —insisto— la batalla —al parecer— sólo será contra el equipo potosino, que tiene el cociente más volátil.

La lesión de Julio Furch, quien llegó sin estar convencido del proyecto, llamarle de última hora para que regrese a Milton Caraglio y que éste siga hablando de La Máquina, nos da como resultado las pocas esperanzas que hoy tienen en los aires atlistas, que siguen viendo cómo llegan proyectos, pasan dueños, técnicos, jugadores y la situación se agudiza.

Al parecer, el eslogan “A lo Atlas” ya dejó atrás la concepción de competir sobre la hora, para convertirse en el equipo desalmado, sin garra, que ya no lucha y no tiene con qué hacerlo.

Días muy duros se vienen para Orlegi, y eso que —gracias al cabildeo de cerrar la llave— tendrá que formular, en épocas de crisis, cómo pagar la cuota que los dueños fijaron para solventar a la Liga de Expansión y limpiar su cociente, para iniciar el siguiente año futbolístico en cero, porque —a mi parecer— dejaron ir la gran oportunidad de ponerse al parejo de cinco clubes para meterlos en la pelea.

Ni metieron las manos en 180 minutos, en los que la tónica fue la misma: un equipo sin idea y sin intención.

¡Bienvenidos, bienvenidos! A los días más duros de los últimos años para el aficionado rojinegro y para sus actuales dueños, quienes intuían y apostaban a que lograrían sacar al Atlas de la barranca y darle el protagonismo que han tenido con sus otros proyectos deportivos.

@EnriqueVonBeas

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