La tempestad celeste

Enrique Beas

Por más que lleguen jugadores nuevos, técnicos y digan que lo que no fue en su año, no les hace daño, deben enfrentar el reto gigante de quitarse una maldición que los persigue

Qué difícil tratar de dimensionar el tremendo fracaso del Cruz Azul, o la ya conocida “madre de todas las cruzazuleadas”. Ese famoso verbo que han querido erradicar en La Noria, pero que se acuña en nuestro vocabulario.

Con un gol del equipo de Siboldi durante el segundo tiempo, cuando el juego iba 3-0, obligaba a Pumas a meter otros tres; es decir, daba igual recibir ese cuarto, porque —al meter uno— ponía la situación imposible.

Es cierto que Pumas sólo llegó cinco veces y metió cuatro, en medio de rebotes y desatenciones, que a Orbelín Pineda se le quitó la sonrisa, que el goleador del torneo —el Cabecita Rodríguez— se contagió de esa enfermedad trágica de mediocridad y no pudo hacer algo. La realidad es que es difícil explicar cómo en los juegos resueltos con superioridad de plantel, nómina y condiciones, algo hacen y pierden.

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Por más que lleguen jugadores nuevos, técnicos y digan que lo que no fue en su año, no les hace daño, deben enfrentar el reto gigante de quitarse una maldición que los persigue.

Por eso, seguir leyendo a sus aficionados es una comedia mezclada con el peor drama que pudiera poner el deporte, ese que te enseña las mieles, pero te las tira antes de gozarla, y provoca el dolor más intenso que existe. ¡Bienvenidos, bienvenidos! A la tempestad celeste. Un abrazo a [email protected] los que volvieron a sufrir y fueron parte de la peor cruzazuleada en la historia.

@EnriqueVonBeas

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