El día que se murió la pasión

Enrique Beas

La columna va enfocada para tratar de explicarle a Oribe Peralta que al terminar el partido, él vive horas críticas en alcance y en parte justamente por su incursión en las Chivas

Más allá de la polémica y las ideas encontradas entre un compañero de profesión y no el rival en turno, los invito a que desglosemos un juego que tiene la carga emocional más relevante de nuestra industria y que falló en la cancha por culpa de las Chivas, que han dejado de competir a la altura del América.

El que no entienda, no sabe de esto. La columna no va enfocada a los que sí queremos cambiar el ADN de nuestro futbol, sino para tratar de explicarle a Oribe Peralta que —sin importar el hecho de que su traspaso al Rebaño Sagrado pinta más como una estafa— al terminar el partido, él vive horas críticas en alcance y en parte justamente por su incursión en las Chivas.

La única forma de levantar el negocio para él y los que vienen es que, en la cancha, y más allá de reconocer las hermandades que tiene con todos sus excompañeros, después de una dolorosa derrota no puede salir en la transmisión nacional riéndose, como si nada hubiera pasado.

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Y no, no es que no comprenda que después de los 90 minutos hay vida, sino por el bien de los colores que representa. Me quedó claro que nadie habla con los jugadores para concientizar los espacios y lugares públicos donde se pueden hacer muchas cosas, mucho menos evitar dar a entender —por su dinámica corporal— que la derrota no dolió.

Ojalá los que vengan, sepan que están a punto de matar al que fuera el juego de mayor pasión del país y que personajes como Oribe Peralta siguen abonando para desaparecerla.

¡Bienvenidos, bienvenidos! Al día que un guerrero santista que había negado el cariño al América y que ahora está en las Chivas, se mofó de la historia más pasional de la Liga MX.

PD. De Antuna, omito el mensaje, no vaya ser que siga crudo por las fiestas que se ha puesto con el vodka de tamarindo.
@EnriqueVonBeas
 

 

 

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