Hemos tenido una semana muy compleja a nivel emocional, los que vivimos en algún país occidental hemos sido expuestos a una narrativa en la que el enemigo es el oriental y el socialista exsoviético. Sin politizar este espacio, nos han dicho hasta el cansancio que llevan años infiltrados tratando de destrozar nuestra felicidad.
Pongo esto de arranque para que de entrada no caigamos con la rusofobia que impera en nuestro mundo estos días. La columna no tiene ni de cerca la menor intención de ponerme a favor de algún bando, la guerra es la peor expresión humana para resolver las cosas, ya que con el simple motivo de defender un causa, la muerte es el camino de civiles inocentes y de soldados manipulados. Nunca podremos estar tranquilos si hay niños escondiéndose de bombas en los sótanos de los edificios.
Ahora bien, el tema medular de esta reflexión son las sanciones que se están generando para presionar a Rusia , rompiendo incluso los estatus de la intervención. La resolución de FIFA de suspender a la selección rusa del repechaje de la eliminatoria mundialista, así como a los clubes de los torneos europeos, así como las presiones para los pilotos profesionales y en todos los deportes espectáculo, como ahora en el tenis, que cuenta con dos top 10 en el ranking de la ATP, incluido el mejor sembrado, deben provocar una revisión a profundidad.

Los atletas no son los responsables de las decisiones de sus líderes políticos, militares, así como también deberíamos reflexionar de la misma forma en todos los casos geopolíticos que nos han pasado en constantes guerras sociales.
¿Por qué sólo contra los rusos? Insisto, la guerra nunca podrá ser avalada bajo ningún término así como tampoco culpar a los deportistas de un país siendo sancionados o descalificados por decisiones de otros. Se entiende que se cancelen eventos como la final de la Champions en San Petersburgo y el Gran Premio de Sochi, pero castigar a los deportistas que han dedicado toda su vida para alcanzar un objetivo no se me hace acertado.
¡Bienvenidos, bienvenidos! Al desalentador mundo de la guerra.
@EnriqueVonBeas