Hoy, de nuevo la autonomía de la UNAM se encuentra bajo el asedio del poder público. Un repaso a su historia demuestra una lucha constante por su independencia de cualquier poder, político, económico o religioso. En esa defensa de su plena autonomía está el secreto de su esencia como institución del conocimiento científico, artístico/cultural y técnico, sin el cual México no sería viable, por la fuerte simbiosis entre el país y la universidad.

Desde la ley orgánica de 1910 que sometía a la Universidad al ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, pasando por la autonomía limitada de Emilio Portes Gil (1929), incluyendo la polémica Caso/Lombardo (1933), hasta 1945 cuando la UNAM adquiere su autonomía plena contenida en la fracción VII del artículo 3º constitucional, que consigna la facultad de gobernarse a sí misma, respetando la libertad de cátedra e investigación y de libre examen y discusión de las ideas, fue casi medio siglo de batallar por la autonomía.

Espacio abierto a la especulación crítica resultaría incómodo al gobierno autoritario. En 1968 Díaz Ordaz arremetió contra la libertad de cátedra cuando exclamó “qué grave daño hacen los modernos filósofos de la destrucción que están en contra de todo y a favor de nada”, (en referencia a Herbert Marcuse).

Entonces el rector Barros Sierra respondió y precisó con gran claridad expresando lo que es la esencia de la autonomía: “la tendencia oficial ha sido hacia un no mal disfrazado dogmatismo: todos estamos obligados a aceptar las verdades oficiales, que se expresan como un oráculo oficial, del Partido Revolucionario Institucional, y justamente la Universidad, las universidades por decirlo en general, representan esencialmente el anti-dogmatismo. Una universidad dogmática significa una regresión a la Edad Media. Es algo que los universitarios de nuestra época no podemos admitir; por ello es difícil conciliar una política oficial dogmática con una universidad esencialmente anti-dogmática” (entrevista de Gastón García Cantú /Siglo XXI editores, 1972).

En esas palabras está la clave de la esencia de la UNAM. Para que la ciencia germine, y rinda frutos es conditio sine quanon un hábitat absolutamente libre de cualquier dogmatismo sea de izquierda, centro o derecha. Cuando la universidad está capturada por cualquier forma de pensamiento único, es imposible la fecundación y desarrollo del progreso científico, criterio nodal de la educación (art 3º, frac II constitucional). Verdad y libertad forman un dualismo indisoluble.

En 1968 fue el asedio de la derecha, que aborrecía a la UNAM “izquierdizada” hoy la izquierda, arremete contra la UNAM “derechizada”, pero asedio al fin, para alinear a la UNAM de nuevo al dogmatismo antitético a su esencia.

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“La cuerda del ciudadano”, título de esta columna quincenal, está tomado de la alegoría del fresco de Ambrogio Lorenzetti “El Buen Gobierno”, pintado en el siglo XIV en Siena, Italia, que simboliza al Poder que los ciudadanos conducen a la Justicia sujetándolo con una cuerda.

Docente/investigador de la UNAM

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