Este viernes empezaron oficialmente las campañas políticas por la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Clara Brugada, Santiago Taboada y Salomon Chertorivski —según el orden de todas las encuestas— disputarán la posibilidad de gobernar la ciudad más importante del país y de América Latina. El asunto no es menor, la capital del país es el bastión artístico, intelectual y político del país. En la CDMX se generan las ideas y los movimientos que después se traducen y adaptan en toda la república. Quién gobierna a la Ciudad de México no solo es importante en términos partidistas o ideológicos, las ideas que gobiernan a la Ciudad de México apuntan la brújula para el resto del país. Por eso, no nos podemos equivocar. La Ciudad ha luchado mucho por ganar derechos, libertades y convertirse en un centro artístico y cultural, estos logros no pueden ponerse en riesgo.

Cada vez más las ciudades se vuelven actores globales. En muchos casos, la fortaleza de una ciudad puede superar o al menos igualar a la de un país entero. Si la Ciudad de México fuera un país, sería la quinta economía latinoamericana, más o menos del tamaño de la de Colombia y más grande que la de Perú. La Ciudad de México es hoy —guste o no— una marca global, con influencia, poder económico y un enorme potencial cultural. En los últimos años la ciudad se ha vuelto más segura y más dinámica y eso vuelve a la capital del país y su área metropolitana una de las zonas urbanas que más influencia ejercen en el mundo. A veces no nos damos cuenta de ello, nos gusta sentirnos menos. La realidad es que en términos económicos la CDMX es la capital de América Latina y una de las ciudades más pujantes en el mundo; en términos artísticos, intelectuales y culturales es uno de los grandes centros de este planeta. Lo que sucede aquí, importa, influye, transforma.

Es importante concebir esto porque en los próximos meses veremos si los candidatos están a la altura de entender esta ciudad como lo que realmente es. Una ciudad que sigue teniendo graves desigualdades, problemas y rezagos, pero que con todos ellos se ha convertido en un actor global. Un actor que en dos años recibirá el evento deportivo más importante del mundo: El mundial de futbol.

En ese sentido los candidatos tendrán que generar un balance sano entre las propuestas localistas que deben ser requerimientos básicos de una ciudad como ésta y proyectos ambiciosos que estén a la altura de la nueva realidad de la Ciudad. Hasta el momento, los dos candidatos que buscan quitarle la ciudad a Morena, se han centrado en ideas y proyecciones que carecen de una visión ambiciosa para la CDMX. El tema del agua es un gran ejemplo de ello. La obsesión con la que hablan del tema se asemeja más al oportunismo político y un diagnóstico parroquiano que a una verdadera visión de Ciudad.

Hay que solucionar el problema del agua, pero no a través de planteamientos sobre las redes de suministro a corto plazo sino a través de construir una política multidimensional que responda al grave problema del calentamiento global. No es hablar solo de tuberías y fugas, que son problemas evidentes, sino tejer un proyecto de una Ciudad ambientalmente responsable, con cuerpos de captación de agua, transporte ecológico y áreas verdes.

Ese es el problema que ha sucedido en las precampañas de quienes piden un cambio. ¿Un cambio para convertirnos en qué? ¿Qué ciudad quieren construir? ¿Qué sueñan para la capital? Quien quiera gobernar la CDMX no debe limitarse a solucionar los requerimientos básicos que tiene una ciudad como ésta, sino a construir una visión de futuro. Quién quiera gobernar esta ciudad debe hablar de parques, de ríos, de transporte eléctrico, de museos, de espacios públicos, de innovación, de proyectos urbanistas para humanizar la ciudad, de cambio climático, de derechos de las minorías, de inclusión, de globalidad y de muchos sistemas de bienestar.

Quien quiera gobernar esta ciudad debe hablar de emprendedurismo, de desarrollo tecnológico y de traspaso de conocimiento. Quien quiera gobernar esta ciudad debe conocerla en todos sus problemas, en todas sus colonias, y en todo su potencial. Quien quiera gobernar tiene que tener una visión y no una agenda. En los próximos meses veremos quién está a la altura de gobernar esta ciudad.

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