Juárez en menos de diez años (1858-1867) tuvo veinte ministros de relaciones exteriores y más de noventa ministros en siete carteras. Era un síntoma más de un país en tiempos convulsos e intestinas confrontaciones.

Melchor Ocampo, principal arquitecto de las leyes de reforma y brazo derecho del presidente Juárez, ocupó el Ministerio de Relaciones Exteriores en tres ocasiones: la primera (1858-1859), duró apenas seis meses; la segunda (1859-1859), fue como encargado de despacho siendo Ministro de Gobernación durando poco más de cincuenta días; y la última en 1860, durando solo tres meses en el cargo. Asimismo, estuvo al frente del Ministerio de Gobernación tres veces; del de Fomento en dos ocasiones (1859); y una, en el de Guerra y Marina (1858).

Con la Guerra de Reforma, la intervención francesa y el Imperio como cuadro, los cambios en el gabinete presidencial eran bastante comunes y en muchas ocasiones como en el caso de Ocampo, duraban solo unos días. Entre 1867 y 1872, el gobierno de Juárez tuvo menos cambios y el Ministerio de Relaciones Exteriores tuvo cinco ministros.

Eran tiempos de militares e intelectuales. Tiempos de hombres fuertes y de luces, un “Siglo de Caudillos” como lo nombra Enrique Krauze en su “Biografía política de México, 1810-1910”. Un siglo con hombres como Melchor Ocampo (previamente mencionado), Francisco Zarco, Manuel Doblado, Ignacio Ramírez, Santos Degollado, Ignacio Manuel Altamirano, Miguel Lerdo, Guillermo Prieto o Sebastián Lerdo de Tejada. Hombres que configuraron el México del siglo XIX y en buena medida, la primera parte del siguiente.

Durante el tiempo que estuvo Juárez al frente de la presidencia, algunos de sus colaboradores lo confrontaron, otros, dieron el bandazo al grupo conservador y otros más, se aliaron al porfirismo, como Ignacio Ramírez, “el Nigromante”, quien se aliaría con Díaz tras criticar el intento de reelección de Juárez. Tras la muerte de Juárez en 1872, Sebastián Lerdo de Tejada -quien fungió como Canciller del juarismo en tres ocasiones y dos como ministro de gobernación- se convertiría en presidente de México.

En el siglo XXI, pocos Cancilleres han adquirido especial notoriedad por su alta capacidad de incidencia en la toma de decisiones de los presidentes ya sea por sus ideas, susurros al oído, o bien, por su vocación para invadir y secuestrar funciones de una secretaría a otra.

Luis Videgaray, último Secretario de Relaciones Exteriores en la administración pasada fue este hombre. Era el “hombre de confianza” del presidente Enrique Peña Nieto y en algunos círculos, se hablaba de que tomaba decisiones como un presidente de facto. Ahora, Marcelo Ebrard es quien tiene capacidad y margen de maniobra en más de una secretaría. No sabemos si por sus cualidades como “Nigromante” o bien, por la fantasía de muchos de que funja como la encarnación de la moderación y la buena comunicación del actual gobierno.

La inspiración decimonónica del presidente es conocida y su insistencia en que la realidad encuentre eco entre la riña de liberales y conservadores es sermón cotidiano. Pero lo que habrá que preguntarse es si el presidente busca hombres fuertes, arrojar un buscapiés sobre posibles sucesores o bien, retornar los tiempos de la Regencia de Iturbide con solo cuatro secretarías.

@Emer_Seg

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