La luna es maravillosa, un objeto en el cielo que ha acompañado civilizaciones desde tiempos inmemoriales y cuya influencia se ha dejado ver a través de los siglos, algo bueno en qué gastar. Sí, sé que hay temas mucho más graves aquí en la Tierra en los que se podrían utilizar los millones que se necesitan para sustentar la exploración lunar, pero los gobiernos son necios. Mejor esto. Artemis II y sus cuatro astronautas han llegado a la parte más lejana —el lado obscuro— de esta gran masa de piedra y metal que acompaña al planeta Tierra e influye en nuestra manera de pensar, sentir y expresar sentimientos. “Estás en la luna”, “Te quiero hasta la luna y de regreso”, “…en esta apartada orilla, la luna brilla y se respira mejor”. Pienso también en Pink Floyd y su excelentísimo Dark Side of the Moon y cuando de pequeña —como princesa— me daba baños de luna. Con sólo pensar en esta gran esfera mi imaginación se echa a volar tratando de alcanzarla.
La luna es de los astros más famosos y citados por el personal en general: luna llena, luz nocturna. Cuenta la leyenda que un zorro convenció a un lobo de que el reflejo de este astro en el agua era un queso joven, queso verde. De ahí que digan que la luna es de queso. El hombre lobo tiene su luna, E.T., Santa Claus y sus renos. Luna de foto, poesía, canción, “Claro de luna”, “Yo no te pido la luna”, “Moonshadow”. Luego está la sensacional película Moon de Duncan Jones (hijo de David Bowie) y estelarizada por Sam Rockwell que no voy a contar, pero sí a recomendar ampliamente. Yo no sé, lo que sí es que estoy convencida de que la influencia de la luna no sólo aplica a las mareas, después de todo, los seres humanos, hombres y mujeres, somos 60% agua y a la luna le gusta jalar, soltar y hacer travesuras. En la antigua Mesopotamia la luna —Nanna— era el dios creador de todas las cosas.
En la astrología, la luna tiene poderes importantísimos, una fuerza energética que influye en el subconsciente, el yo interno, las emociones, la intuición de una figura materna. En el taoísmo la luna representa el yin, una de las dos fuerzas fundamentales (la otra siendo el yan) “… opuestas y complementarias, pero interconectadas, que se encuentran en todas las cosas” (Wiki). Yin es lo femenino, la obscuridad, la tierra, pasividad y absorción. Van Gogh, Munch, Turner, Magritte, Rubens son unos cuantos de los que a su manera han reflejado en su obra una luna llena de emociones que transporta y envuelve. La luna, en todo su esplendor, no tiene luz propia, es el reflejo del sol. ¿Será por esto por lo que tantas veces inspira melancolía? Una réplica, un recuerdo, una historia de amor inconclusa, un anhelo secreto.
El plan es volver a poner pies en la luna para 2028, y hay que reconocer el terreno. A 6,545 kilómetros de distancia, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen serán los primeros en romper récords y barreras espaciales; por ejemplo, la norteamericana Christina Koch es la primera mujer en viajar tales distancias y es además la especialista en todo lo referente al programa Artemis establecido en 2017, al igual que el canadiense Jeremy Hansen; por su parte, Victor Glover pasa a la historia por ser la primera persona de color en volar tan alto. A sus 51 años, el comandante Reid Wiseman ha pasado a ser el astronauta de más edad y… ¡qué ganas! ¿Dónde me apunto? No importa si el baño no funciona a la perfección, tengo tiempo de tomar un curso de plomería.

