Un bosque flotante de Jorge F. Hernández

Élmer Mendoza

¿Novela biográfica o autoficción? No sabría decirles. Lo que es seguro es que es una excelente historia llena de amor, amistad y malteadas

“Quien no cree en la amistad a primera vista jamás podría creer en el amor a primera vista”, sentencia Jorge F. Hernández en Un bosque flotante, novela donde “el bosque es memoria”; la memoria de May y su familia, de Bill Connors, que de adulto se parecerá a James Taylor, el fino intérprete de la verdadera amistad y arrepentido actor de Two-Line Blacktop, memoria de todos los niños y niñas del bosque de Mantua, cercano a la ciudad de Washington en Estados Unidos. Un bosque donde un vendedor de golosinas, Good Humor Man, proporcionó al narrador el día más feliz de su vida. Pues sí, Un bosque flotante, publicada por Alfaguara del grupo Penguin Random House, en México en febrero de 2021, es una novela donde el autor transita con la sonrisa de la niñez, que es única. ¿Novela biográfica o autoficción? No sabría decirles. Lo que es seguro es que es una excelente historia llena de amor, amistad y malteadas.

Jorge F. Hernández, nació en la Ciudad de México en 1962. Escribe con un desenfado perfectamente calculado, sin confusiones, con un lenguaje perfecto y desde una memoria que se atreve a todo. Se percibe que su principal objetivo es contar bien, y vean lo que elige contarnos. “Quise escribir sobre la nieve porque me parece que son las hojas en que se escribe esta novela”. Claro, si el viejo maestro escribe sobre el rastro en la nieve, Jorge hace una novela llena de aromas. Luego nos confía, “en pleno bosque de la memoria se nos pedía jugar a la amnesia”, y es que pinta Mantua como un lugar único, donde desde una casa no se veía la otra y no había calles sino veredas. La escuela era un enorme edificio que parecía otra cosa y su residencia recibía frecuentes visitas de familiares mexicanos porque su madre, o la madre del personaje, padecía amnesia, e intentaban ayudarla a recuperar los recuerdos. Le enseñaban álbumes de fotos, escuchaban canciones y muchas otras cosas. ¿Funcionaron? Ya lo verán en alguna página. Paso a paso, Hernández nos conduce por una escalera llena de recuerdos, risas, paseos y canciones. Los Beatles, Rolling Stones, Bob Dylan, James Taylor, Janis Joplin, Lynyrd Skynyrd, que aman los montañeses y varios otros, se escuchan en algunas páginas a deshoras de la noche. En fin, Jorge cuenta una vida. Hay una vida palpitante en Un bosque flotante que les va a encantar.

¿Quiere leer una novela llena de ternura? Pues esta es. El autor llegó a ese bosque a los dos años de edad. Poco a poco se fue adueñando del entorno que le parecía de lo más estimulante. Con su amigo Bill se mete en una aventura de la que por poco salen lastimados. Es un punto en la vida del que no descansarán durante 15 años. Al parecer, esta novela fue escrita primero en inglés, cuidadosamente corregida por Connors y vertida al español por el narrador, que supo vivir un periodo de espera mágico que no fue nada fácil resistir. Confiesa que tuvo que poner en juego su estirpe guanajuatense para aguantar como verdadero minero de la memoria. Hay un capítulo donde habla de libros. Es una prueba de cómo la lectura y algunas profesoras contribuyen decididamente en la formación de los niños. También cuenta de una época en que soñaba números. Fascinante, sobre todo cuando la familia viaja a Nueva York para apostar a Secretariat, nada menos, un caballo que ganó la triple corona y que los que tenemos gusto por las carreras reconocimos como un corcel único. Entonces, abran su casa a este bosque, y a un escritor muy simpático.

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