“Imaginemos el nivel del tormento que aguarda en el infierno a quienes se arrepienten de lo que nunca se atrevieron a hacer”, manifiesta Xavier Velasco en su libro Hombre al agua, publicado por Editorial de Vecchi en México en 2025, considerando la debilidad humana y la falta de actitud para ser uno mismo. Con gran destreza, Xavier narra una historia de Solomon Hopkins, un canadiense que acompañado de una perra, la guapa Sally, zarpó de La Paz, BCS, en un catamarán rumbo a la isla Rarotonga. Desde luego, el autor comprende que, “la legítima historia de toda travesía es la de sus percances y contrariedades”, y dedica varios capítulos al comportamiento del Ciao Tao en alta mar.

La historia inicia cuando Solomon y Sally son rescatados por un barco pesquero que tiene premura por completar su carga porque están amenazados por el ciclón Calvin. Como bien saben, un huracán en alta mar es mortal. Los marineros tienen preguntas que es lo que corresponde cuando se rescata a los náufragos. Desde luego que no deja de llamar la atención un hombre en los huesos y su perra. A partir de allí el autor, con toda calma, nos cuenta la vida de este aventurero canadiense que de muchas maneras se le parece. Ambos son flacos, les gusta el tenis y poco les importa la sociedad contemporánea. Pero, ¿de qué manera Velasco se involucró en este asunto? Una llamada que no lo convenció, un mensaje de un buen hermano que nació en el Mediterráneo y conocer a Hopkins con quien pronto se identificó. Advirtió que compartían “algunos desconciertos esenciales”, y como sabe que “lidiar con el protagonista es firmar un contrato de metamorfosis”, se embarcó con él y Sally en el Ciao Tao.

La vida de Solomon, que se declara un renegado perpetuo, fue diferente. Nunca encajó en nada durante mucho tiempo. Ni la presión de su padre lo convenció que la buena vida es la vida estable. Por eso vivió de muchas maneras y sus relaciones no fueron demasiadas. Tuvo una amiga alemana, Brunhilde, que le ayudó a comprar el catamarán en Puerto Vallarta, que lo siguió durante la travesía y que lo conminaba a no dejarse rescatar. Pero Solomon estaba amenazado por Calvin y además, con varios meses de viaje, el Ciao Tao estaba casi destrozado y el muy flaco y hambriento.

Velasco nos cuenta que Solomon padecía cáncer y su oncólogo le dio solo unos meses de vida. Sin embargo, “un buen motivo para no suicidarse es la curiosidad”, y ¿a qué sabe el jugo verde que ingirió durante meses hasta perder 70 kilos y curarse? El caso es que el joven Hopkins superó la enfermedad y un día se halló en la Baja Sur, en la hermosa playa de Balandra, con su barca a punto y una perra tepozteca que sería su tripulante. De manera que Hombre al agua es un libro con historias cruzadas que aportan datos valiosos acerca del personaje que estamos siguiendo, un canadiense que se hizo famoso sin pretenderlo en absoluto. Dato curioso es que nunca tuvo miedo de morir y tampoco pasó por su cabeza ser rescatado. Su objetivo era llegar a Rarotonga y jamás, a pesar de los obstáculos, pensó en otra opción. Parece que sufría más Xavier Velasco, que durante el proceso perdió a Casandra, la líder de su jauría y después de pasar esos malos días y gracias a Adriana, su esposa, pudo continuar el libro, que por momentos se convertía en un espejismo donde lo único que lo modificaba eran las conversaciones con Solomon que llegó a sentirse escritor. En fin, lean a Xavier y zarpen tranquilos.

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