"Fantasmas en el balcón", de Héctor Aguilar Camín

Élmer Mendoza

Aguilar Camín, sin trucos literarios, nos introduce en una historia de antes del terremoto que compartimos con singular alegría, ¿qué terremoto? Ya lo verán

Esta novela demuestra que leer es recordar. Se lee para aprender, para emocionarse y para ir contra uno mismo; como bien usted sabe, la vida llegó para quedarse y da para eso y más. La novela Fantasmas en el balcón, publicada por Penguin Random House en su colección Literatura Random House, en octubre de 2021 en México, inducirá a lectores de cierta edad a recordar increíbles épocas de las que conseguimos salir con vida, sin estar seguros de cómo. Para los jóvenes que no han vivido esa parte, experimentarán, como diría la maestra Garro, Recuerdos del porvenir. Algo fundamental es que Aguilar Camín, sin trucos literarios, nos introduce en una historia de antes del terremoto que compartimos con singular alegría, ¿qué terremoto? Ya lo verán.

Seis personajes se mueven en esta historia. Morales, Lezama, Colignon, Gamiochipi, Alatriste y Changoleón. La pandilla es perfecta porque son diferentes. El autor desarrolla capítulos que llama Edenes perdidos, donde trata a cada uno de ellos. Son los machos masturbines, universitarios que ocupan una casa en la colonia Condesa frente al parque México. Poco se habla de su responsabilidad académica y mucho de la fiesta que es su vida. Chupan con aplicación ejemplar. Desde luego que me recuerda a mis compañeros sinaloenses que empezaban el jueves después de clases y si se acababa el dinero, paraban el domingo en la tarde. Es una novela muy divertida, escrita con perfección milimétrica, jugando con el tiempo y el espacio, creando sentido para las sencillas cosas que definen la juventud de aquel tiempo, aunque creo que también la actual. Si París is a moveable feast, como dijo Hemingway, el DF era el reventón de todos tan querido. Tienen que sentirlo y, por favor, conserven el tiempo que puedan la sonrisa que no podrán evitar.

Hay chicas guapas, como la de la portada; también militares, policías, gimnasios, gemelos y cantinas. Garibaldi y la Arena Coliseo de la calle Perú. Aparece José Medel, el Huitlacoche, justamente evaluado, el tremendo Toluco López y el Famoso Gómez; vemos a Beto Ávila, el único mexicano en ser champion bat en las ligas mayores (1954) y un pulpo en la segunda base. También nos presenta a un ¡Hijo del presidente! Un pobre infeliz que, sin duda, usted le pondrá nombre y edad. Le reitero que Héctor Aguilar Camín, que nació en Chetumal en 1946, domina el arte de narrar. La manera en que crea personajes, la imaginación con que combina datos históricos, como los nombres de las calles, con la percepción de sus personajes, la manera de describir la vida licenciosa que culmina en el carnaval de Veracruz, con su “noche tibia y morena”, afectado por la tele y sus comparsas. Desde luego, es la visión de un “narrador omnisciente” que transforma cada página en un testimonio colectivo.

Fantasmas en el balcón es una novela que resiste la completa brutalidad del día y otras brutalidades tropicales. Vale por su autor, claro, pero sobre todo vale por sí misma. Hay un universo para tomarlo y fortalecer el sentido de vivir este difícil momento después del terremoto. Vivir sin miedo, pero con prudencia, “si no quieres que se sepa, mi hijito, no lo hagas”. Recuerden que la literatura es un registro imaginario del mundo, un registro en el que todos tenemos un lugar, como en la política, cuya “lección fundamental, mis amigos: el que la hace la paga, y el que no, también”, a poco no. Y como dice Richard Power, “el pasado siempre se torna más claro en el futuro”.

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