El chile en polvo es la coca de los pobres

Élmer Mendoza

Xalbador García nació en Cuernavaca, México, en 1982. Es un estudioso de la obra literaria de escritores cuyos universos son el misterio del misterio

“El chile en polvo es la coca de los pobres”, afirma Xalbador García en su libro Miami Blues y otras historias, publicado por Karakana Editores en Miami, Florida, en el feliz 2019. Se trata de una colección de cuentos que juegan a ser reales por los prototipos que se mueven en ellos, seres que han perdido mucho de sí mismos y que la mayoría huye de sus recuerdos tan lejos como puede hacerlo un ser humano que ha perdido todo, que “atesoran el desamparo” como el último refugio del que saben que no saldrán incólumes. Pero no todo lo que surge de la pluma de este autor es tremendo; también hay humor, canciones, baile, saludos, señalamientos para los políticos corruptos y confesiones para quien quiera escucharlas: “Lejos de tu sexo...no se puede vivir”.

Xalbador García nació en Cuernavaca, México, en 1982. Es un estudioso de la obra literaria de escritores cuyos universos son el misterio del misterio. Por eso me sorprendió encontrar un narrador acucioso, muy entretenido, profundo, con un amplio conocimiento de registros lingüísticos y con capacidad para crear personajes en el extremo de la vida. Allí donde se sufren todos los desprecios y la miseria es la madre de todos. Personajes como Angie, que fue actriz porno y no tiene en que caer muerta, Lucía, que se haya al principio del camino del usufructo no amoroso de su cuerpo y lo que más desea es conocer el mundo; o la mujer de maíz, que creció con ese aroma subyugante y ha perdido el nombre; o Tania, la hermosa escort de belleza impactante y que es todo un misterio, sin olvidar a Cornelia, la chica de las hamburguesas, y el impacto cuando se entera de la muerte de Kurt Cobain, uno de los espíritus más fuertes de Seattle. Cada texto es un pequeño trozo de vida. Con una escritura precisa, dinámica y matizada de genialidades sin nombre, García encuentra los nombres de la desgracia en una pequeña Habana que ha crecido, y un Miami que se fagotiza a sí mismo. Ese espacio tentador de drogas, alcohol, baile y mar arrebatado encuentra en cada palabra la explicación de la pesadilla americana.

“Ciudad dispuesta a maquillarse de paraíso para ocultar el horror que le da vida”. Señala el autor. El lugar, por lo que me han contado los taxistas, donde viven, “los profesionales del desprecio”, esos de los que hubiera huido Álvar Núñez Cabeza de Vaca, cuando le dio la gana descubrir la Florida. Por supuesto que no todos los cuentos hablan de Miami. También aparecen lugares de México donde vivir cada día se convierte en un acto de amor desenfrenado, ese en que no piensas quién gobierna o quién debe pagar los platos rotos. “La muerte es el verdadero rostro de la vida”, expresa el autor, y nos cuenta del Día de Muertos y de la tradición de convivir una noche con los que se nos adelantaron. Como todos los buenos escritores reconoce el valor de la palabra como piedra angular de lo que existe o imaginamos. “Le gustaba limar el tiempo bajo sus palabras”. Exacto, todo es cuestión de poner nombres a las horas. “Las personas mueren, las palabras no”, ¿alguien se atreve a contradecir esta verdad? Cuando crítica a ciertos periodistas nos dice: “Las palabras no pueden prestarse a tanta manipulación”. Afirmo que Xalbador es un narrador nacido para ser grande. Y quiero saber quién no ha probado el chile en polvo con jícama, mango, camarones o cayos de hacha. Es la adicción más económica del mundo. En la página 118 me levanté y tomé un trago para buscar dentro de mí los ojos de mis mayores. Qué lo disfruten.

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