Cuchara y memoria es un libro absolutamente provocador. Cada mañana, Leonor y yo desayunamos y después de leer algunas páginas, no sabemos si servirnos de nuevo, cocinar todo el día o llamar al autor y decirle lo grandioso que tuviera la mamá que le tocó, una señora famosa por su don de gentes y porque en su mesa podía comer quien apareciera por casa de los Taibo a la hora señalada. Luis Buñuel, Joan Manuel Serrat y Paco Haghenbeck no me dejarán mentir. Menos en este momento que escribo a orillas del Mediterráneo después de que Leonor me llevó a la Barceloneta y bueno; por supuesto, me refiero a Cuchara y memoria, tomo I, de Benito Taibo, publicado por Planeta en noviembre de 2024 en la CDMX. Benito es uno de los autores más queridos en México. Incontables personas leen sus libros y buscan su firma. En la reciente FIL Coyoacán vimos una fila de unas 150 lectoras y lectores avanzando pacientemente para lograr la marca del autor.

En este volumen, Benito comparte su pasión por la comida desde la A a la K, con un entremés. Deja claro que le gusta cocinar y que cocinar es un arte. Sabemos que hasta el más escéptico reconoce que hay platillos que producen emociones ilimitadas y recuerdos que Ratatouille puso en claro. También distingue la increíble personalidad de su padre, Paco Ignacio Taibo I, y su virtud de poner a la familia ante extraños platillos pero deliciosos. Si alguien aún no conoce este libro, les cuento. En la A, nos cuenta del ajo, del arroz y de un par de cosas que a usted le conciernen. Una de ellas tiene infinidad de novelas y canciones. Lo que dice del ajo es sorprendente. Es más que la sopa de ajo o un complemento para la buena salud. El libro está lleno de poesía y en este caso el que pone los versos es nada menos que Pablo Neruda. En cuanto al arroz, hay cosas por saber; recetas factibles, por ejemplo, entre ellas la de Sor Juana, que sabía mucho del arte de mover la cuchara y del uso del molcajete.

Benito Taibo no dejó fuera al bacalao. Ana, nuestra nuera portuguesa, siempre cocina una de las mil recetas para nosotros y es suficiente para convertir la reunión en algo inolvidable. Taibo agrega recetas, empezando por las de su mamá. Y bueno, aquí suena la voz de Fernando Pessoa, que amaba comer y beber café. Habla del betabel y la berenjena. Del ceviche peruano, del nayarita que lleva zanahoria y se puede comer en Mazatlán. Del aguachile, que inventó un culichi y es especial para cerrar las noches que terminan de día. Nos cuenta de la ensalada César y del señor Cardini, su inventor. También del tiempo en que las cantinas ofrecían botanas a mediodía, tan especiales, que eran pocos los que no volvían al día siguiente. El autor no puede evitar darnos una clase sobre los chiles. Lo cual está muy bien porque es parte de nuestra identidad nacional. La parte de la cocina china les va a encantar, sobre todo la anécdota neoyorquina que nos cuenta. Nos enteramos de que Da Vinci no solo inventó la servilleta, sino unas estrictas reglas de etiqueta. En fin, Cuchara y memoria es un libro que demuestra que comer es parte de la cultura. Cada platillo y sus componentes tienen su historia. Saber eso lleva a comprender palabras como sabroso, sabrosura y el universo al que se aplican. Comamos para ser felices, que lo demás llega como un rico aderezo de cilantro. Amigos, dicen que el suchi de Culiacán es el mejor de México, ¿Por qué no vienen a probarlo? Buen provecho.

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