En América Latina existe un grupo significativo de especialistas y analistas de política y religión que instalaron en los imaginarios políticos la expansión de las propuestas evangélicas conservadoras desde una lectura que abarcaba el triunfo del presbiteriano Donald Trump en el 2016, apoyado por los evangelicals y de Jair Bolsonaro (2018) en Brasil. Suelen agregar la infructuosa disputa por la presidencia de Costa Rica del pastor Fabricio Alvarado Muñoz, quien obtuvo el 24.9% de los votos, lo que le permitió llegar a la segunda vuelta electoral, donde fue derrotado por Carlos Alvarado Quesada, el candidato “laico”, por una holgada mayoría de 39% sobre 61%. Las banderas que enarbolaron estos candidatos fueron la lucha contra la corrupción y la “restauración moral” de la sociedad, entendiendo por ella a la defensa de la vida (antiaborto), la defensa de la familia “natural” (contra el matrimonio entre personas del mismo sexo), contra la legalización de la marihuana y los derechos específicos de la colectividad LGTBQ (niñez trans y otras cuestiones).

El 2019 se inició con la asunción del mando de Bolsonaro en Brasil y se cerró con el golpe de Estado en Bolivia. La abogada y senadora Jeanine Añez se proclamó presidenta interina e ingresó al Palacio presidencial enarbolando una Biblia y planteando que Dios había regresado, refiriéndose explícitamente y descalificando a los cultos de tradición andina prehispánica que practicaba Evo Morales de la etnia Aymara, particularmente el culto a la Pachamama. Es importante recordar que este culto precisamente fue rescatado por distinguidos antropólogos jesuitas (Marzal y Albó) como la “lectura” sincrética del catolicismo indígena de la Virgen María. En el rechazo de Añez a los cultos andinos se expresaba una cuota de racismo y discriminación contra las culturas indígenas que son la mayoría en Bolivia. Debo mencionar que Añez es católica del Oriente boliviano, donde los “blancos” o karas han establecido grupos de católicos integristas que desprecian los esfuerzos del Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales para impulsar un estado plurinacional.

En esta región predominan grupos integristas católicos que rechazan radicalmente el catolicismo sincrético de los bolivianos de los Andes y el Altiplano donde predomina el MAS. Como resultado del cuestionado proceso electoral de 2019, que llevó a la renuncia de Evo Morales, Añez tenía la posibilidad de “legitimarse por una buena gestión” gubernamental y su equipo terminó siendo fuertemente cuestionado por inoperante, corrupto y racista. Esta situación llevó a un triunfo rotundo del MAS en las elecciones del domingo 18 de octubre de 2020. El economista Luis Arce, que se define ateo y marxista, mientras su vicepresidente David Choquehuanca es católico aymara, obtuvo el 54% de los votos, mientras que Evo alcanzó el 46%. El “doctor Hi” un pastor presbiteriano de origen coreano, que el año pasado dio la sorpresa obteniendo el 11.5% de los votos con un programa de “restauración moral”, ahora no obtuvo más del 1%. Los candidatos Mesa y Camacho prácticamente repitieron los porcentajes de la elección de 2019, de estos resultados electorales podemos deducir que un segmento evangélico del voto del MAS que no estaba de acuerdo con la reelección de Evo apoyó al Dr. Hi, el candidato fundamentalista, y ante el fracaso de la gestión de los golpistas respaldó nuevamente al MAS, pero sin Evo.

Paralelo a las elecciones en Bolivia hubo elecciones en Argentina y la alianza de la candidata a vicepresidente evangélica conservadora con un militar que respaldaba el Proceso cívico militar de 1976 obtuvo el 1.71 %. Este año se inició con las elecciones en Perú donde los candidatos neopentecostales no llegaron al 2% de la votación, aunque los candidatos del FREPAP, que son el brazo político de una secta fundamentalista milenarista, que plantea una mezcla de tradiciones andinas y elementos del adventismo, obtuvo el 11.5% de los votos. Ya para finalizar el año tendremos elecciones presidenciales en Estados Unidos donde aparentemente la agenda fundamentalista de Trump está desgastada y probablemente no le garantice el triunfo en el complicado sistema electoral de Estados Unidos. En Brasil la corrupción del obispo de la Iglesia Universal del Reino de Dios Pare de Sufrir candidato a reelegirse en la importante alcaldía de Río de Janeiro, está a punto de naufragar debido a las acusaciones de corrupción y su descalificación popular hizo retroceder la popularidad de Bolsonaro del 40 al 29% por la asociación que tiene con el obispo Crivella

Como conclusión podemos plantear que en sentido estricto lo que interesa a los ciudadanos es la honestidad de los gobernantes más que la afiliación religiosa de los mismos. Los candidatos neopentecostales enarbolan la lucha contra la corrupción y la “agenda moral”, y son respaldados por los católicos conservadores quienes tienen dificultades para desarrollar líderes propios, pero en la medida que estos no son serios y consistentes, simples fariseos y mentirosos, pueden apoyar a otros candidatos que no son evangélicos fundamentalistas ni católicos integristas, e incluso marxistas y ateos como Luis Arce en Bolivia, pero sí les garantiza una buena gestión gubernamental. Lo que tenemos son procesos de ciudadanización y desconfianza en los políticos tradicionales más que procesos de radicalismo religioso.

Profesor investigador emérito ENAH-INAH, doctor en antropología

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