La democracia cristiana en América. Católicos en la política

Elio Masferrer Kan

La Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA) celebró en México su Congreso Internacional y definió nuevas autoridades. En esta ocasión la dirección fue encargada a la senadora mexicana Mariana Gómez del Campo del Partido Acción Nacional (PAN) y la senadora chilena Carmen Frei Ruiz-Tagle, del Partido Demócrata Cristiano de Chile (PDC-Ch). Por primera vez el liderazgo es encargado a dos mujeres.

La ODCA se creó en 1947 en el marco del ascenso de movimientos sociales de fuerte arraigo popular y la posguerra en Europa y la declaración de la Guerra Fría por las potencias triunfantes en la Segunda Guerra Mundial contra la Unión Soviética (URSS), su antigua socia contra el nazismo alemán

La ODCA es parte de la Internacional Demócrata de Centro - Internacional Demócrata Cristiana (IDE-CDI), que hasta en 2001 era conocida como Internacional Demócrata Cristiana, con sede en Bruselas y su brazo político es el Partido Popular Europeo, la fuerza más importante en el Parlamento Europeo, el órgano legislativo de la Unión Europea, su brazo económico es la Fundación Konrad Adenauer, una fundación política alemana. Su línea ideológica es de centro y centro derecha. Fue fundada en 1961 como Unión Mundial Demócrata Cristiana. En España su referente es el Partido Popular (PP). Recientemente fue derrotada en Alemania por el Partido Socialista y sus aliados. 

El proyecto consistía en impulsar las ideas de la Encíclica Rerum Novarum de León XIII, el humanismo cristiano, confrontando la Doctrina Social de la Iglesia Católica con el “socialismo real”, la URSS, el Pacto de Varsovia y los socialismos asiáticos de China, Corea y Vietnam. Los partidos de la ODCA lograron gobernar en varios países latinoamericanos en el siglo pasado y actualmente han perdido fuerza. Probablemente las organizaciones políticas más fuertes sean el PAN mexicano y la DC chilena. 

Los triunfos de la democracia cristiana en los años sesenta del siglo pasado fueron una respuesta a la crisis de los partidos políticos de inspiración liberal, pero pronto la democracia cristiana sería víctima de su propio éxito político. Muy relacionada con la Iglesia Católica, que la veía como “su brazo largo” en la sociedad política tuvieron fuertes divisiones como resultado de la expansión de la Teología de la Liberación y el II CELAM de Medellín de 1968. Los golpes de estado y la imposición de las dictaduras militares de Brasil, Argentina, Chile y Uruguay las obligaron a posicionarse en defensa de la democracia, en un contexto complejo pues los militares proponían la defensa de la sociedad “occidental y cristiana”. 

En estos contextos la democracia cristiana perdió cuadros políticos y militantes que se unían a grupos de izquierda e incluso participaron activamente en movimientos armados y guerrilleros en varios países centroamericanos y sudamericanos. 

Desde otro ángulo sus propuestas resultan demasiado “moderadas” para los cuadros de la ultraderecha latinoamericana, que se proponen “profundizar” los movimientos neofascistas en América Latina y es allí donde el partido político Vox, una disidencia del PP español, que lanzó la Carta de Madrid (por la libertad y la democracia en la Iberosfera), se propone radicalizar a los “tímidos” de la derecha latinoamericana. Vox logró el apoyo de importantes partidos políticos latinoamericanos, que en estos momentos tienen más votos que los asistentes a la reunión de la ODCA. Incluso logró reunir en el Senado mexicano a más de la mitad de los senadores del PAN con el líder de la bancada al frente. La senadora Gómez Martín del Campo no asistió ni firmó la Carta. 

El desafío del nuevo liderazgo de la Organización Demócrata Cristiana de América es consolidar propuestas programáticas que incorporen un conjunto de nuevas utopías de los jóvenes creyentes de los Millennials y la generación Z. Deslindarse de las antiguas alianzas de sus liderazgos que los llevó a la derrota en muchos países del continente. Afrontar los nuevos desafíos políticos que propone el Papa Francisco, a quien lo ven con desconfianza e incredulidad. Hacer política con principios en momentos que predomina el pragmatismo, la pobreza, la desesperación después de la pandemia, actualizando las propuestas que surgen de las espiritualidades cristianas y llevarlas a proyectos viables que movilicen a las masas. Ir más allá de las buenas intenciones. El tiempo lo dirá. 
 

Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH-INAH 

 

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