En días recientes, el Consejo de la Organización de Estados Americanos (OEA) se pronunció por la preservación de la libertad religiosa en Nicaragua. El conflicto entre el estado y la Iglesia católica escaló y nos obliga a nuevas reflexiones.

En marzo de 1983 el Papa Juan Pablo II realizó una Visita apostólica en el contexto de la victoria sandinista y el conflicto con la Contra nicaragüense financiada por el Gobierno de los Estados Unidos. Los sectores conservadores de la Iglesia, que habían pactado en su momento con el dictador Anastasio Somoza, estaban confrontados con los sandinistas cuya base social eran las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs), de la Teología de la Liberación. Los sandinistas le apostaban a que el Papa actuara como mediador en el conflicto, pensando en algo similar a la mediación que hiciera entre las dictaduras militares del Proceso de Argentina y Pinochet de Chile.

Juan Pablo II tenía otra visión, respaldó a la Iglesia conservadora y descalificó a los sacerdotes de la liberación, llamó a que “Nicaragua no fuera corrompida por el comunismo ateo”. Los sandinistas lo cuestionaron durante la misa, lo cual enfureció al Papa. La ruptura fue total y los sacerdotes “suspendidos a divinis”, la máxima sanción. El arzobispo de Managua Ovando y Bravo fue honrado como cardenal, lo cual fortaleció a la oposición eclesiástica.

La historia siguió su rumbo, en 1985 Daniel Ortega fue electo presidente, hasta 1990 en que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) perdió las elecciones. Ortega perdió las elecciones de 1996 y 2001, triunfando en 2006 y desde el 2007 es presidente de ese país centroamericano en sucesivas reelecciones.

En su segundo período, Ortega cambió su discurso, enfrentando con pragmatismo el nuevo contexto internacional: la Caída del Muro de Berlín, la disolución de la Unión Soviética y el Período Especial en Cuba, que marcó la crisis de los proyectos socialistas en la Región. También coincidió con el triunfo de Hugo Chávez en Venezuela, quien propuso la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), como alternativa a la hegemonía estadounidense.

Daniel Ortega, al asumir la segunda presidencia se presentó con ropa informal invocando a Dios, el amor, la reconciliación y la paz, reconciliándose con los sectores conservadores de la Iglesia Católica. Particularmente el cardenal Ovando y Bravo, respaldó la prohibición del aborto en todas sus formas, incluso cuando está en riesgo la vida de la madre. Recordemos que el aborto está penalizado en los países de América central y que los sandinistas lo habían legalizado. En el 2008 despenalizó la homosexualidad con la oposición de los partidos de derecha. Ortega logró sucesivas reelecciones, que fueron cada vez más cuestionadas, a la vez que lograba incrementar los votos recibidos, frente a partidos de oposición que no lograban construir programas alternativos convincentes.

Los problemas de Ortega comenzaron cuando en 2014 intentó construir un Canal alternativo al de Panamá con una empresa china, lo cual produjo la oposición abierta del Gobierno de los Estados Unidos y, agudizó el conflicto; el interés expresado por la prensa rusa de cooperar en el proyecto, éste fue suspendido.

La reelección de 2022 puso de manifiesto nuevamente la incapacidad de la oposición de construir un proyecto alternativo y ante esa situación la única oposición viable era la movilización de ciertos sectores de la Iglesia Católica. Según una encuesta de Gallup los cristianos no católicos son el 18% de la población, los ateos son muy pocos y el 80% son católicos. El mismo Ortega estudió en la Universidad Centroamericana de los jesuitas.

La respuesta gubernamental fue severa y sólo en la diócesis de Matagalpa le quitó cinco estaciones de radio que tenía la Iglesia y desde la cual se criticaba fuertemente al gobierno, el obispo está acorralado en la Curia cercado por la policía. No toda la Iglesia está de acuerdo y es muy evidente la prudencia del representante de la Santa Sede en la OEA, llamando a las partes a una solución dialogada. Una portavoz de la oposición fue más elocuente: “La Iglesia está dividida entre quienes denuncian, los timoratos con miedo y otros que callan y apoyan al gobierno”.

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Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH-INAH 

 

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