Las presiones sobre el gobierno iraní se intensifican en cuestión de horas y no sabemos que pasará mañana. Manteniendo su estilo de negociación el presidente Trump exige un conjunto de cambios en la agenda policía y militar de Irán. Simultáneamente alienta las disidencias internas de Irán para impulsar un cambio de régimen “desde adentro”. Para sazonar la compleja situación Arabia Saudita (AS) y Emiratos Árabes Unidos (EAU) han informado que no permitirán que se ataque a Irán desde su territorio, aunque siguen participando de la Junta de Paz que lanzó Trump para demeritar y subordinar a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), inicialmente era el armisticio en Gaza, pero luego le asignó papeles ambiguos, donde lo único claro es que Él es el Jefe. Simultáneamente lanza su  donde define una nueva versión de la Doctrina Monroe, donde define un estricto control sobre el Continente Americano.

Volver a tomar el control del Continente implicaría reducir la presencia rusa, china y europea sobre el subcontinente americano, el detalle es que Trump no les ofrece nada a cambio. Los productos norteamericanos son caros y escasos y  no pueden competir con los chinos, quienes además ofrecen comprarles muchos productos cuya producción genera empleo y fuertes ingresos.  Trump además de invasiones, aranceles y bloqueos no tiene mucho que ofrecer pues también se propone expulsar a los migrantes con lo cual disminuirían los ingresos nacionales. El programa MAGA y First America aplicado a las realidades locales no soluciona ningún conflicto pues está basado en el control de las elites locales y no se proponen cambios políticos sustantivos. Claro ejemplo fue Venezuela, después de la captura del presidente Maduro se dedicó a controlar el chavismo y evitó darle poder a la oposición venezolana, descalificando a María Corina Machado.

En el caso de Irán va por un camino similar, aunque es muy probable que no logre resultados de alto impacto. Como ya expliqué en otras colaboraciones Irán es un país multiétnico, plurilingüístico con una fuerte diversidad religiosa, asimismo tiene profundas diferencias sociales y como suele suceder en los procesos revolucionarios, lo más complicado para este tipo de movimientos sociales y militares es la articulación de las nuevas generaciones para garantizar la continuidad de los procesos y en el caso iraní la revolución no fue una revolución social, sino que se concretó en la implantación de una república islámica, con la versión chiita de esta religión, que es sumamente estricta y conservadora y no necesariamente compartida por las minorías étnico nacionales religiosas y menos por los jóvenes de la mayoría persa, la etnia dominante y hegemónica. Complica el asunto el bloqueo y las sanciones que, aplicadas por la ONU, preocupadas por controlar el programa nuclear y garantizar el fracaso de la revolución iraní.

La receta de Trump es muy similar en diferentes situaciones, la asfixia económica produciría el fracaso del movimiento revolucionario, la pérdida de popularidad de los liderazgos locales y la posibilidad del surgimiento de grupos internos de oposición que derrocarían a los gobiernos que no coinciden con la política norteamericana. Hasta aquí el razonamiento es sencillo y podríamos sintetizarlo en el Modelo Chileno de Pinochet, se asfixió al gobernó de Allende con un precio muy bajo del cobre y al día siguiente del Golpe de Estado se triplicó el precio internacional del cobre, se auspiciaron los productos chilenos, maderas, vinos, uvas de mesa, manzanas y peras chilenas entraron en forma preferente al mercado norteamericano, Nada de eso está en el programa, por ello necesita el férreo control político de los chavistas y los comunistas cubanos para garantizar la aplicación de su programa neocolonial posmoderno.

La cuestión iraní es más complicada pues implica el dominio de un país musulmán por una potencia cristiana, que sería respaldado por países musulmanes. Esto es muy delicado en la visión del mundo del islam. La lógica musulmana es que deben unirse contra los “infieles” y lo contrario implicaría una traición a los principios étnicos religiosos, quienes traicionaran a sus hermanos perderían legitimidad ante sus correligionarios y en términos de los conceptos de la yihad deberían insurreccionarse. Además los países musulmanes conservadores temen que el régimen que sustituya a los Ayatollas sea más radical que el actual.

Las potencias petroleras tienen una situación interna complicada, la expansión petrolera hace que Arabia Saudita y los demás países petroleros del Golfo de Arabia tengan la mayoría de su población extranjera y en un momento dado estos podrían insurreccionarse contra los musulmanes “traidores. En el caso de Arabia Saudita, donde están los Lugares Sagrados del Islam podría plantearse que sus líderes los están profanando. Un dato complementario muy importante es que la mayoría de los ingenieros y técnicos extranjeros son palestinos, por ello los lideres musulmanes conservadores han callado frente a los ataques de Israel en Gaza contra Hamas, pues las propuestas fundamentalistas son un peligro para sus gobiernos y estados. Por esta razón respaldan los planes de Trump para Gaza, son los primeros interesados en ver a Hamas derrotado y desarmado, al igual que a Irán y sus aliados como Hezbollah, los hutties de Yemen y grupos similares.

En estos momentos estamos viendo la “razón de estado” y de las oligarquías de los mismos con toda su crudeza.

Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH-INAH

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