El 2026 se inicia con novedades impresionantes, la más notable fue el secuestro-detención del presidente de Venezuela Nicolás Maduro, que definió la articulación de un conjunto de maniobras militares de ataque cuyos límites y contextos todavía están por definirse. A nivel interno de los Estados Unidos, lo más notable son las redadas que desarrolla el Servicio de Migración y Aduanas (ICE), cuyo impacto todavía es materia de análisis por los especialistas. El asunto tiene demasiadas aristas y existen diferentes hipótesis. En lo personal, prefiero trabajar otro aspecto que los grandes medios han dejado de lado y es papel de las iglesias frente a la crisis. Para los latinoamericanos es de suma importancia los posicionamientos de la Iglesia Católica Apostólica y Romana (ICAR) en estas circunstancias, pues habitualmente es un punto de referencia para los políticos y grupos de intereses y toma de decisiones.

En términos generales, podemos afirmar que habitualmente las jerarquías católicas de los países de América Latina han desempeñado posiciones conservadoras, más aún después de las “depuraciones” que se hicieron de seminaristas, sacerdotes y obispos “progresistas e innovadores” y más aún, vinculados con la teología de la liberación latinoamericana. Los políticos católicos han tenido una serie de reuniones donde se afianzó el respaldo a las propuestas conservadoras. Más recientemente, es notorio el respaldo al triunfo de candidatos conservadores en varios países sudamericanos, a lo cual debemos agregar conflictos explícitos con los gobiernos de Cuba, Nicaragua, Venezuela y la Bolivia del ahora derrotado Movimiento al Socialismo. No puedo dejar de mencionar el apoyo a Noboa en Ecuador, donde cooperó activamente en la cuestionada derrota de Luisa González, candidata de Revolución Ciudadana, quien es evangélica.

En los Estados Unidos, la jerarquía católica respaldó decididamente a Trump, e incluso trató de excomulgar a Biden por el apoyo que daba al aborto, siendo católico. No olvidemos que Biden fue el segundo presidente católico, después del asesinado John F. Kennedy, en este contexto católico, los obispos que respaldaban a Francisco y ahora a León XIV son minoría. También es importante recordar que Vance, el vicepresidente de Trump, se convirtió hace pocos años al catolicismo y Trump, durante la campaña para la segunda presidencia, se alejó de su identidad confesional presbiteriana para pasar a definirse como cristiano, pero no adscrito a ninguna denominación. Un aspecto notable es el respaldo de las grandes iglesias protestantes y evangelicals al cierre de las fronteras, las políticas antiinmigrantes y contrarias a las políticas wokes (reivindicaciones feministas, LGTBQ) y al cambio climático. Hasta ese momento, la relación entre la actual administración de los Estados Unidos y las iglesias se mantenía con firmeza.

Podemos decir que esta articulación entre las iglesias y el poder está dentro de las expectativas y los comportamientos tradicionales de estos sectores, sin embargo, las alianzas comienzan a romperse y esa es la cuestión más interesante para el análisis. Un factor notable en el caso de las iglesias y particularmente la Iglesia Católica, aunque incluye notablemente a otras denominaciones religiosas, son las constantes denuncias de abusos sexuales de los líderes religiosos y del personal eclesiástico, la más reciente menciona nada menos que 440,000 abusos en la Iglesia española. Es notable que en México, los colegios católicos de élite tienen una disminución en la matrícula y que se ha consolidado una nueva generación de especialistas “religiosos” entre las clases altas, al margen de las iglesias tradicionales: coach, conferencistas, gurús, chamanes, místicos, astrólogos, dentro de una vasta gama, compiten con las iglesias tradicionales en la orientación espiritual de las clases altas, ejecutivos de alto nivel e intelectuales influyentes. En los sectores populares se abren paso las propuestas evangélicas que proponen formas de vida alternativo para enfrentar la pobreza y las adicciones, fortaleciendo los lazos familiares.

En los Estados Unidos la situación es diferente y marca contextos más polarizados, muchas iglesias se han dividido entre “incluyentes” y conservadores. Disputando clientelas diferentes, los conservadores están convencidos que deben cuidarse las tradiciones y los renovadores se proponen cambiarlas de raíz, en ese contexto, las políticas antiinmigrantes complican el trabajo a los conservadores, pues parte de su clientela son inmigrantes que llegaron buscando el sueño americano, y cuando creían haberlo logrado, se encuentran con una pesadilla. Simultáneamente, se consolidan grupos importantes de población, alrededor del 30%, y predominantes entre los jóvenes que se alejan radicalmente de lo religioso.

Muchas iglesias ya no tienen una “clientela” para ofrecer y el desafío es recuperar credibilidad y volver a ser “constructores de sentido”, “en de mientras”, tienen la indiferencia de los políticos, pues no representan votos, aunque los candidatos “religiosos” han logrado construir credibilidad en muchos países.

Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH-INAH

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