Emprender no es para todos. Requiere un conjunto de factores que inicien el deseo y otros que ayuden a llevarlo a cabo. Una persona emprendedora es capaz de identificar oportunidades que los demás no ven y decide actuar para aprovecharlas. Se han definido tres grupos de factores que influyen de forma determinante en las personas emprendedoras:
El Longitudinal Study of Deliberate Practice among Small Business Owners demostró que a partir de la mayoría de edad (18 años en América Latina) y hasta los 25 años, el interés por emprender es más alto debido a que se dispone de mayor tiempo, se tiene poca experiencia y menos obligaciones personales y profesionales. Esta propensión disminuye conforme pasan los años, hasta que después de los 50 aumenta nuevamente porque empieza a crecer la necesidad de desarrollar nuevos proyectos como resultado de un empleo de transición o “trabajo puente”.
Los fundadores de McDonald’s, Coca-Cola y Kentucky Fried Chicken, tenían alrededor de 50 años cuando establecieron sus negocios.

Otro criterio es la experiencia profesional. Entre más años de experiencia profesional se tiene, uno es menos propenso a emprender. Mientras más se conoce sobre un tema, se genera exceso de confianza que reduce la calidad de las decisiones. De igual forma, los años de estudio y el nivel académico también influyen en la tendencia hacia el emprendimiento.
Se ha demostrado que los emprendedores se sienten más cómodos con la incertidumbre y la ambigüedad que el resto. En general, son más propensos a tomar riesgos calculados.
Richard Branson, fundador de Virgin Group, escribió que “las personas más afortunadas en los negocios son aquellas que están preparadas para asumir los mayores riesgos”. Podríamos decir que están programados de una forma que los hace más aptos para decidir arrancar un negocio.
Son aquellos relacionados con la forma en la cual los emprendedores aprenden, perciben la realidad e influyen en la forma en la que actúan. Los individuos con mentalidad emprendedora generalizan u obtienen conclusiones sobre la realidad a partir de unas cuantas observaciones o experiencias.
Las investigaciones sobre el tema han demostrado que los emprendedores requieren menos información para actuar que el resto. Esto se debe a que confían en el conocimiento que han obtenido mediante la experiencia profesional y personal, la educación y sus redes sociales de cooperación y confianza.
Las investigaciones más recientes se centran en entender si los hábitos también influyen para decidir arrancar un negocio. Se estima que algunos de ellos, como la paciencia que requiere resistir a la adversidad o la paciencia que demanda acometer un nuevo proyecto, influyen en las personas para decantarse por un negocio propio en lugar de emplearse.
Hace tres años, la firma estadounidense de búsqueda de empleo Paysa utilizó tecnología de punta para conocer los rasgos de la personalidad de líderes empresariales exitosos y así comprender qué los ayudó a diferenciarse. Entre los hallazgos, destacó que dos de las personas más exitosas del mundo, Elon Musk, fundador de PayPal y Tesla Motors, y Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, comparten un rasgo de personalidad superior: su intelecto. El intelecto es la capacidad para pensar y adquirir conocimiento, especialmente de un orden alto o complicado.
El entendimiento sobre el emprendimiento ha tenido grandes avances. Sin embargo, tomará más tiempo lograr total claridad sobre todas las variables internas y externas que influyen en este proceso.