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Los años por venir

Este año se fraguará la forma en que nos acercaremos a la elección intermedia. Las opciones son sencillas, volver a las elecciones de Estado o dejar funcionar la maquinaria electoral y legal que los ciudadanos hemos empujado
02/01/2020
01:24
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El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad.
Víctor Hugo

 

2020 será uno de los pocos años que serán realmente históricos, con un impacto similar a los que tuvieron el 68, 1985 o el 2000 en la historia nacional.

Sin duda esto se ha fraguado a lo largo de lustros, pero la importancia de los próximos doce meses se ha acentuado desde julio de 2018, cuando el terremoto político generado desde las urnas llevó a un cambio inédito en cuanto al partido en el poder.

Tras este suceso uno pensaría que 2019 sería el año histórico pero no ha sido así, pese a los enormes giros y cambios que se han sucedido. Este año recién terminado solo fue el calentamiento de motores. Veamos algunas razones de esto.

2019 fue un año de aprendizajes y acomodos. Pero el tiempo que puede ocupar la curva de aprendizaje culminó y solo queda al gobierno obradorista poco más del 80% de su mandato para lograr las cosas.

En la función pública se realizaron despidos, acomodos basados en la fidelidad al líder y ajustes en cuanto a los gastosa en función pública, no obstante muchos de los grandes proyectos que se anunciaron aun no ocurres. Ni se ha descentralizado la administración federal, ni se ha combatido de forma clara y sistemática la corrupción al interior del sector público.

En cuanto a la economía, el cierre de año parece ser más optimista de lo que hace un mes se hubiera creído. La firma del T-MEC y los acuerdos para la inversión en infraestructuras son puntos positivos que el gobierno se ha anotado. Sin embargo esto se puede venir abajo si no se transparentan los gastos y los planes maestros de cado obra, incluyendo el tren maya, Santa Lucía y dos bocas. De igual forma se debe dejar de lado la adjudicación directa que tanto se ha usado por ser un instrumento que fomenta la corrupción cuando se usa indiscriminadamente.

En lo externo, México deberá de establecer una posición más firme y clara ante Estados Unidos y deberá de realizar diplomacia por afinidad ideológica, que tan pobres dividendos ha entregado. En la mente del gobierno debe estarla elección de noviembre en el vecino del norte para no fortalecer, como la sumisa actitud del primer año hizo, a un presidente anti mexicano que solo entiende la fuerza como razón.

En cuanto a la seguridad, se debe dejar de lado la soberbia y aceptar que la estrategia de ceder terreno y tratar de apaciguar a todos los elementos disruptivos es un fracaso. Sin duda se debe de seguir la política de atacar las fuentes de desigualdad y pobreza como una elemento disuasorio pero se debe combinar con una acción más dura de parte del estado, para evitar que los grupos criminales ganen más territorio y poder y, a la larga, poder reducir su influencia. No se puede seguir acusando a los gobiernos del pasado por todo lo que ocurre hoy, pero si se debe de asumir la autoridad y responsabilidad de los hechos actuales.

Por otra parte, se debe buscar reducir el ambiente de divisionismo y confrontación que solo trae al gobierno desgaste y complicaciones para llevar adelante tareas tan importantes como la distribución de la riqueza y el poder. Para esto se debe de evitar ser émulos del “haiga sido como haiga sido” y del “¿y yo por qué?”.

No se puede debilitar a los organismos constitucionales autónomos sin poner en peligro de una dictadura de partido como la priista y no se puede evitar posicionarse ante asuntos tan trascendentales y delicados como la ley Bonilla sin dañar al Estado Mexicano. Punto.

Finalmente, no debemos olvidar que en este año se fraguará la forma en que nos acercaremos a la elección intermedia. Las opciones son sencillas, volver a las elecciones de Estado o dejar funcionar la maquinaria electoral y legal que los ciudadanos hemos empujado por más de dos décadas para que tengamos elecciones democráticas nuevamente. El costo de ambas posibilidades es evidente.

Todo lo anterior nos lleva a la afirmación con la que iniciamos esta columna. 2020 ya es un año histórico para nosotros, solo nos resta observar cómo se desenvuelve para saber qué deparan los años por venir.

@HigueraB

 

Académico, analista y consultor en comunicación política