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23/05/2020
00:06
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Los periódicos más famosos del mundo mienten, calumnian, el New York Times, The Washington Post, Financial Times, El País, muy famosos pero sin ética.
Andrés Manuel López Obrador

Una cosa que es innegable de nuestro actual presidente es que tiene una extraordinaria capacidad para colocar y mantener imágenes e ideas Ad Hoc en el colectivo imaginario mexicano.

Me parece que ninguno de los políticos que han llevado las riendas del país, desde Carlos Salinas, haya tenido tal capacidad de recreación de la realidad y posicionamiento de su visión, sea acertada o no.

La esperanza de México, voto por voto y casilla por casilla, nos robaron la elección, los quiero desaforadamente, lo que diga mi dedito, me canso ganso, primero los pobres, neoporfiristas y conservadores, prensa conservadora/fifí/sicaria, son algunas de ellas.

Sin embargo, la idea de mayor permanencia en su discurso político es la del complot. Las palabras bajo la que se le señala han trasmutado y evolucionado pero es recurrente por su utilidad política y comunicativa.

Bajo la imagen de estar siempre bajo ataque, el candidato López Obrador se forjó una reputación de luchador incansable, digno del famoso poema de Bertolt Bretch. Se proyectó como el luchador de toda la vida, “imprescindible” para la transformación de nuestro país. 

De esta forma supo capitalizar políticamente los abusos y torpezas cometidas en su contra, como el burdo desafuero con el que Fox intentó cerrarle el paso a la candidatura presidencial y que, como casi todo lo que hizo en su sexenio, resultó para él un tiro por la culata. La adversidad parecía reforzar su discurso.

La utilidad de esta imagen se fue incrementando, ya que le permitió dar respuestas emocionales y de fe a cuestionamientos que necesitaban argumentos racionales, abrió la puerta a las ocurrencias y dicharacherías sin límite. Igual podía gritarle al presidente que era una chachalaca, que burlarse de sus contrincantes en los debates diciéndoles canallín, todo parecía bien dicho y merecido si surgía de su boca ya que, al final, todos eran parte del complot de la mafia del poder que evitaba el triunfo del pueblo y la verdad incuestionable, que él encarnaba.
Imagino que la magnitud del triunfo logrado el 2 de julio de 2018 hubiera sido un problema para que cualquier otro político continuara usando al complot eterno como parte de su discurso. Pero AMLO no es cualquier político, para ese momento llevaba ya cerca de dos décadas de afinar y afilar las ideas y palabras que al mismo tiempo lo entronizaban y victimizaban permanentemente.

Ahora, como gobernante, la conspiración eterna ha servido para atacar y defender, cuestionar y motivar, descalificar y ensalzarse. Todo gracias a las fuerzas que, desde las sombras atacaban al más importante personaje de la historia de México. Aquél que Ackerman afirma que empequeñece a Juárez y que sus partidarios creen que logrará lo que Hidalgo no pudo: liberarnos de todas las cadenas con un proceso transformador de alcances inéditos.

Para AMLO, esto ha significado que se siente autorizado a usar el poder de formas novedosas, apartándose de protocolos y normativa. Igual distribuye 2.7 billones de pesos en 2020 para apoyos y becas que dilapida miles de millones en proyectos agresivos con el medio ambiente o de dudosa utilidad. Sustenta que un memo o decreto suyo pesan más que la Carta magna, al tiempo que critica al pasado por no respetarla.

La magra oposición que encuentra le ha servido para revitalizar al complot perpetuo. Son aquellos, dice, que se beneficiaban de la corrupción que ya no existe (Saludos a Bartletts, Ana Gabrielas y Senadores Guadiana) y que no quieren soltar sus privilegios.

Y estos conspiradores no tienen límites, señala y confirma que quién esté detrás -Calderón, la ex mafia del poder, los conservadores nebulosamente definidos- tiene un alcance y dinero impresionante.

Y es que la perenne conspiración descubre en el discurso que los opositores Igual alquilan a estrellas pop y comediantes, que estudiantes de posgrado. Son los médicos que se enriquecen y hay que condenar a media emergencia sanitaria y feministas manipuladas por los hombres de la oposición. Cuentan en sus filas a consejeros electorales, grandes mangantes mediáticos internacionales y a fingidos padres de familia que usan a sus hijos con cáncer de forma inhumana para atacar el progreso y bienestar, aquel que existe en un pueblo feliz a pesar de que el PIB caiga.

Una de las últimas y mejores frases del presidente lo acerca a Trump, los medios internacionales mienten, no solo los nacionales. Todo porque se están haciendo las cosas very very very goood… es decir vamos muy bien, muy bien. Usted elija.

El discurso de la víctima explica cómo es que las cosas no salen bien y agranda lo que si sale como debería. 

Y uno de sus logros extraños de la presente administración es que está logrando unir a grupos que son de origen contrastante. La derecha demócrata y la izquierda crítica nos hemos visto cada vez más cercanos en nuestros cuestionamientos (adivine usted dónde me veo). 

Y no es que se le haga caldo gordo a la derecha, como alguien me dijo, es que hay cosas que no se pueden dejar pasar si se es crítico, sin importar en qué lugar del espectro político nos ubiquemos.

Pero claro, todos comploteamos… tú comploteas, yo comploteo, también él y todos los que no están convencidos de la bondad y avances evidentes somos descalificados por la conspiranoia.

Mientras tanto, se propone revisar casas de forma ilegal con justificación constitucional, aceptar pruebas obtenidas de forma dudosa o bajo tortura para acusar a los ciudadanos, se cancelan las energías limpias, se acusa a presidentes y funcionarios del pasado (pero solo en el discurso para que siempre existan los necesario chivos expiatorios) y se dice que se generarán 2 millones de empleos cuando ya van más de medio millón perdidos en este año.

Y el discurso del complot ad infinitum sigue descubriendo más y más conspiradores en cada conferencia matutina mientras genera nuevas imágenes favorables y de avanzada, como el humanismo en favor de los delincuentes.

@HigueraB
#LordSinEmbargo

Académico, analista y consultor en comunicación política