La nota nacional en materia educativa la protagonizó Marx Arriaga, exdirector general de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), al negarse a dejar el cargo y las oficinas que ocupaba desde 2022. Ello ocurrió después de que, por instrucciones del secretario Mario Delgado, el viernes 13 de febrero se le solicitara su salida. Arriaga justificó su negativa argumentando la inexistencia de un oficio explícito de destitución. A pesar de que ya fue nombrada su sustituta, la Mtra. Nadia López, y de que personal de la SEP vació su oficina, el exfuncionario continuó en una abierta resistencia institucional, buscando respaldo en redes sociales entre sus seguidores.

Conviene recordar que Arriaga fue el principal artífice de los Libros de Texto Gratuitos (LTG) de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), los cuales se imprimieron antes de que se concluyeran los nuevos planes y programas de estudio. Es decir, primero se hizo el caldo y después se mató a la gallina. Más allá de este despropósito pedagógico, los LTG se elaboraron con premura y presentan errores graves y estructurales, entre los que destacan: 1) no priorizan aprendizajes ni habilidades fundamentales como la comprensión lectora, las habilidades matemáticas, el pensamiento lógico o la comprensión conceptual, 2) dejan áreas clave sin atender: no existen libros específicos de matemáticas, ciencias o historia, y muchos conceptos incluidos no concuerdan con el conocimiento científico, 3) rompen con principios básicos del aprendizaje. En sistemas educativos exitosos —como Finlandia, Canadá o Singapur— los proyectos y la interdisciplinariedad se introducen después de que los estudiantes dominan los fundamentos y 4) en ciencias sociales e historia se presenta una visión única del mundo: la alineada con la Cuarta Transformación.

El problema mayor es que, en la práctica, los LTG se convirtieron en el currículo nacional y en el eje de la NEM. Arriaga, sin formación pedagógica formal, pero con el respaldo absoluto del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador y de su esposa, se erigió como la figura más influyente en la redefinición de la educación básica. Desde esa posición, impulsó una visión ideológica de la educación como instrumento para moldear conciencias, polarizando la realidad nacional entre buenos y malos, neoliberales y “pueblo bueno”. En los hechos, asumió un papel equivalente al de secretario de Educación Básica, con una actitud mesiánica. Se concibió como imprescindible e intocable, al grado de que ni el secretario de Educación ni la propia presidenta parecían tener margen para modificar una sola coma de sus libros, presentados como la base de una refundación educativa sustentada en el llamado humanismo obradorista.

No obstante, la subsecretaria de Educación Básica, Angélica Juárez, solicitó realizar ajustes a los LTG para corregir omisiones, eliminar contenidos inapropiados e incorporar figuras femeninas en los libros de historia. Asimismo, pidió al CINVESTAV desarrollar materiales complementarios para la enseñanza de las matemáticas. La respuesta de Arriaga fue acusar a funcionarios de la SEP de ser neoliberales, de pretender privatizar la educación y de buscar destruir su “magnífica obra”. Llegó incluso a calificar a la dependencia como una “cloaca de la derecha” y convocó a sectores del magisterio a un movimiento de refundación de la SEP para defender su proyecto.

En un acto de rebeldía institucional inédito, la presidenta declaró inicialmente que Arriaga podría permanecer en la SEP si así lo decidía, dada la alta estima que tenía por su trabajo. Posteriormente, señaló que se le habría ofrecido una embajada en Costa Rica u otro cargo gubernamental, opciones que habría rechazado. También afirmó que, independientemente de su salida, la NEM y los LTG seguirían vigentes por ser el núcleo del proyecto educativo de la Cuarta Transformación. Esta postura ambivalente sugiere que el gobierno se encuentra entre la espada y la pared: por un lado, el reconocimiento político a Arriaga; por el otro, la necesidad de removerlo ante su negativa a aceptar correcciones. En el fondo, parece existir el temor de incomodar al expresidente y de reconocer el fracaso (al menos parcial) de la NEM, lo que implicaría admitir un error estructural en la política educativa del sexenio anterior.

Se prefiere tolerar, recordando a Orwell, una “rebelión en la granja” (de la SEP), aun cuando ello debilite el liderazgo presidencial y exhiba una profunda crisis en la conducción de la educación pública nacional.

Presidente del Consejo Directivo de Métrica Educativa, A. C.

@EduardoBackhoff

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