La Nueva Escuela Mexicana (NEM) se presenta como un modelo educativo humanista, incluyente y orientado a la justicia social. Sin embargo, detrás de este discurso se esconde un problema central: el desplazamiento del aprendizaje académico y del desarrollo cognitivo individual como ejes del sistema educativo. La NEM se sustenta en una ideología social-comunitaria inspirada en enfoques poscoloniales, antineoliberales y en el pensamiento crítico de Paulo Freire. En este contexto, el objetivo principal de la educación deja de ser el dominio progresivo de conocimientos y habilidades, y se redefine como un proceso orientado a la transformación social, la conciencia colectiva y la identidad comunitaria. En consecuencia, el estudiante ya no es concebido prioritariamente como un sujeto que debe de aprender, sino como miembro de una comunidad, actor político-social y portador de una identidad cultural.

En este marco, el aprendizaje académico deja de ser un fin en sí mismo y se convierte en un medio subordinado a objetivos sociales, éticos y políticos. La NEM desplaza así el enfoque centrado en el desarrollo cognitivo individual y en la evaluación de resultados medibles, para privilegiar un enfoque socioformativo, situado y contextual, basado en proyectos comunitarios. El énfasis ya no está en cuánto aprende el estudiante, sino en su vinculación con el entorno. Aunque el aprendizaje no desaparece del discurso oficial, deja de organizarse en progresiones claras, acumulativas y evaluables. La NEM rechaza explícitamente la evaluación objetiva del aprendizaje, al considerarla una práctica neoliberal que mide, compara y excluye. Por ello, se minimiza el aprovechamiento académico, se satanizan las calificaciones, se desacreditan las evaluaciones de gran escala y se privilegia una evaluación cualitativa y observacional. Sin embargo, sin una verificación sistemática de lo aprendido, es imposible detectar rezagos, garantizar una progresión didáctica y asumir responsabilidades claras sobre lo que todos los estudiantes deben aprender en cada eje temático y ciclo escolar.

Las consecuencias de este enfoque no son menores. Cuando no se desarrollan habilidades cognitivas básicas —como la comprensión lectora, el razonamiento lógico-matemático, la metacognición o la resolución de problemas— se limita la capacidad y autonomía intelectual del estudiante. Se dificultan la argumentación, el análisis de información y la capacidad de distinguir entre hechos y opiniones. El resultado es un sujeto más vulnerable a la manipulación ideológica, mediática o social, con una autoestima frágil y mayores dificultades para enfrentar tareas complejas. Aunque la NEM habla insistentemente de formar “pensamiento crítico”, éste no surge del discurso ni de la reflexión social abstracta. El pensamiento crítico requiere una base cognitiva sólida, desarrollo intelectual, así como del dominio del lenguaje y del conocimiento disciplinar. Sin ello, la reflexión se vuelve superficial. En el largo plazo, los estudiantes sin habilidades y conocimientos sólidos enfrentan menores oportunidades laborales, baja movilidad social y dependencia económica.

Aquí surge una paradoja. Quienes sí desarrollan habilidades cognitivas sólidas suelen ser estudiantes con apoyo familiar, alto capital cultural y acceso a escuelas privadas. Éstas, aunque formalmente adoptan la NEM, complementan o sustituyen los Libros de Texto Gratuitos con materiales de editoriales privadas que sí enfatizan la enseñanza sistemática del lenguaje, las matemáticas y las ciencias, así como la evaluación del aprendizaje. En cambio, muchas escuelas públicas aplican la NEM de forma literal, con recursos limitados y escaso margen para complementar el currículo. Así, los estudiantes de buenas escuelas privadas reciben instrucción acumulativa y estructurada, mientras que los de escuelas públicas dependen en mayor medida de experiencias contextualizadas, con menor secuenciación cognitiva. Cuando la escuela no garantiza el aprendizaje académico, las familias con recursos lo compensan. La aplicación estricta de los principios de la NEM en las escuelas públicas, sin mecanismos efectivos para asegurar el aprendizaje individual, no reduce las desigualdades: las amplía. Esta brecha no es producto de la intención del modelo, sino de sus efectos reales y de la ausencia de una política clara para garantizar la adquisición de habilidades y conocimientos básicos, comunes y exigentes para todos.

En síntesis, la NEM propone una educación orientada a la justicia social y al fortalecimiento comunitario. Sin embargo, al no privilegiar de manera explícita y verificable la adquisición de habilidades y conocimientos fundamentales, como ejes centrales del proceso educativo, en la práctica debilita la formación intelectual de los estudiantes y traslada la responsabilidad del aprendizaje a factores extraescolares, contradiciendo así los principios de equidad que el propio modelo dice promover.

Presidente del Consejo Directivo de Métrica Educativa, A. C. @EduardoBackhoff

Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

dft

Comentarios