El impacto de estandarizar la educación en México

Eduardo Backhoff Escudero

Con mayor o menor intensidad, el COVID-19 ha afectado a los sistemas educativos de todo el mundo, debido a las políticas de confinamiento implementadas. Esta situación inédita ha sido enfrentada de distintas maneras por los países que, en su gran mayoría, han optado por implementar diversos mecanismos para intentar que los estudiantes sigan aprendiendo. En algunos países, como Alemania, se optó por el pronto regreso a clases presenciales, antes de que concluyera el ciclo escolar pasado. En otros países, como España, se optó por esperar un poco más para regresar a la escuela. En el caso de México, se decidió continuar con el confinamiento y no regresar a clases presenciales hasta que la pandemia baje de intensidad lo suficiente, lo que todavía es incierto.

Bajo las condiciones de confinamiento, el gobierno mexicano implementó desde marzo pasado el programa Aprender en casa, que consistió en distribuir los contenidos curriculares a los estudiantes a través de la televisión, la radio, diversas plataformas electrónicas y varios materiales impresos. Para ello, utilizó la aplicación Google Classroom, el correo electrónico y aplicaciones de mensajería para que el docente se comunicara con sus estudiantes. Desconocemos la eficacia de este programa, pues no se tienen datos sobre sus resultados, pero suponemos que éstos dependieron de los siguientes factores: el acceso de los estudiantes a los materiales educativos; la pertinencia y calidad de dichos materiales; la disponibilidad de los padres de familia para ayudar a sus hijos en su aprendizaje, así como su preparación para lograrlo; y, la cantidad y calidad de la interacción de los docentes con sus alumnos. Salvo la poca disponibilidad de los recursos televisivos, de radio, de cómputo y de Internet en los hogares, nada se sabe de las demás variables de las que dependió el éxito de este programa. No obstante, en el ciclo escolar 2020-21 se implementará el programa Aprender en casa II, cuya novedad es el uso de más canales de televisión y de programas educativos extranjeros para complementar la entrega de contenidos educativos en los hogares.

Una de las limitaciones más importantes de los programas para aprender en casa es que no pueden reemplazar los aprendizajes que se adquieren en la escuela como son la socialización, la disciplina, el respeto por los demás, el trabajo colaborativo, etc. Una característica del sistema educativo mexicano es su excesiva centralización, al contar con un currículo nacional y libros de texto únicos, diseñados por las autoridades federales (desde el centro del país). Aprender en casa (I y II) le agrega una nueva característica o limitante: la estandarización del proceso educativo. Esta estandarización implica que, independientemente del contexto social, todos los estudiantes de un mismo grado: 1) reciben los mismos contenidos y materiales didácticos, 2) trabajan a la misma velocidad y 3) resuelven los mismos ejercicios. En este escenario las autoridades escolares no tienen un papel muy relevante y los docentes juegan un papel secundario, ya que no pueden adaptar ni dosificar los contenidos curriculares a las necesidades de sus estudiantes, por lo que solo les queda la función de administrar tareas escolares, responder preguntas a través de medios electrónicos y evaluar el aprendizaje de los alumnos con exámenes de opción múltiple en línea (con las grandes limitaciones que tienes esta modalidad).

De especial preocupación es la condición de uniformizar la dosificación de los contenidos educativos a través de la televisión. El problema radica en que muchos alumnos no adquieren los aprendizajes esperados de un grado escolar; lo que fue ampliamente documentado por el hoy extinto Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). Con estas carencias o lagunas de aprendizaje a los alumnos les es imposible comprender los conocimientos nuevos del grado escolar que inician, enfrentándose a la imposible tarea de avanzar al ritmo que impone una enseñanza estandarizada, que se basa en una programación fija e inflexible. Una anécdota que ejemplifica lo anterior es el caso de una niña que cursaba el cuarto grado de primaria y que no podía realizar los ejercicios de aritmética que la profesora les solicitaba a todos sus estudiantes, ni siquiera con la ayuda del papá, por la sencilla razón de que el nivel de conocimientos de la niña era de segundo de primaria y no de cuarto (como se suponía). Esta historia, seguramente, se repetirá millones de veces, si consideramos que, en todos los informes que el INEE publicó durante sus tres lustros de vida, en condiciones regulares de enseñanza, cerca del 60% de los estudiantes no logran adquirir las competencias básicas de matemáticas al término de la primaria, la secundaria y el bachillerato. Algo similar, pero en menor grado, sucede con las habilidades de lectoescritura y con las demás disciplinas escolares.

En consecuencia, es de esperar que las inequidades y rezagos educativos se ampliarán enormemente con el programa Aprende en casa II; modelo educativo que, por un lado, no podrá atender a todas las poblaciones y que, por otro lado, a las que sí logre atender lo hará en forma estandarizada, con el agravante de que no todos los estudiantes podrán seguir el ritmo y secuencia de aprendizajes que se establecen en los programas de estudio nacionales. Aunque muy poco pueden hacer las autoridades educativas al respecto, resulta de la mayor relevancia que las escuelas se preparen para que cuando se regrese a clases se implemente un plan emergente de nivelación del aprendizaje, para tapar el enorme vacío de conocimientos que dará la pandemia, especialmente en las clases sociales más vulnerables.

 

Presidente del Consejo Directivo de Métrica Educativa, A.C.
@ EduardoBackhoff

 

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