Los motivos de Bartlett

Los motivos de Bartlett
Nación 24/10/2021 02:29 Actualizada 04:09
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“… Lo Tuyo es Capricho, Pura Vanidad…” Cariño Verdad (Los Churumbeles de España, 1991).

Entre la gente que conoce largamente a Manuel Bartlett se preguntan… ¿Y el ‘izquierdismo’ de Manuel, de dónde le salió?.

Eso, aceptando sin conceder que la iniciativa eléctrica presentada al Congreso por López Obrador, tiene un encuadre hacia la izquierda. Será…?

Y con eso de que ahora hasta la UNAM es de ‘derecha individualista’ (mañanera dixit)…

Múltiples voces coinciden en que la iniciativa de marras no tiene nada de izquierda y es más bien un retroceso setentero perfumado por un montón de mentiras y verdades a medias que sigue una línea centro-estatista que corresponde a visiones muy superadas y a socialismos europeos que ya entraron y salieron varias veces del taller de reparaciones de la realidad.

Nadie regularmente enterado se atreve a asegurar que el estatismo sea la solución a los problemas sociales, como no sea Cuba, China o la URSS. Sobre todo si enfrente tienen a quienes piensan como el Escocés Adam Smith y su mano invisible sobre el mercado, que resuelve todo por el equilibrio de la oferta y la demanda, reguladas por la competencia.

Salvo los ideólogos radicales que influyen en López Obrador y le refuerzan cada noche sí, y la otra también, nadie piensa que todo aquello que sale de su control es malicioso, adversario, moralmente derrotado y, sobre todo, que está muy enojado por los privilegios perdidos en su ‘transformación’.

El problema con López Obrador es la acumulación de poder. Claro, poder por él ejercido. De ahí la grima que le producen los órganos autónomos y toda aquella manifestación influyente que escape a sus controles, sus órdenes o la obsecuente conducta de no tocar los textos ni con el pétalo de una coma.

Pero la iniciativa eléctrica de este gobierno, avalada desde el poder presidencial, tiene un indudable origen y un propósito encubierto del que no se ha hablado públicamente.

Para nadie es un secreto que los términos de la mencionada iniciativa provienen del escritorio de Manuel Bartlett, un enamoriscado de closet del esquema eléctrico francés que algún día puso bajo control estatal todo su sistema y que con el paso de los años ha ido desregulando la medida que algún día tomó.

Pero al margen de sus convicciones, Manuel Bartlett aprovecha tener la gracia presidencial desde el inicio de este gobierno para saciar su vanidad y cubrir lo que él considera su paso a la historia.

Bartlett Díaz carga como la losa del Pípila a cuestas los antecedentes históricos de su padre, el Señor Juez, Ministro de la Corte y Gobernador Tabasqueño Manuel Bartlett Bautista.

Hay que dejarlo establecido: lo que impulsa la entraña de Bartlett Díaz es que su padre fue el Juez de Distrito que en última instancia negó a las compañías petroleras extranjeras el amparo en contra de la medida expropiatoria que el Presidente Lázaro Cárdenas tomó el 18 de Marzo de 1938.

Para la historia está el texto y las fotografías del Juez Manuel Bartlett Bautista leyendo su resolución trascendente, dando palo jurídico a los recursos que interpusieron las petroleras foráneas a través del equipo de abogados encabezados por Donald R. Richberg.

Quienes dicen conocerlo, aseguran que Bartlett Díaz ya comenzó a preocuparse por los términos históricos con los quiere ser recordado en el almanaque priísta y su espantoso Frankenstein que son el PT y Morena.

Desde hace años es un genérico, cual si fuese Kleenex entre los pañuelos desechables, nombrar a Bartlett Díaz e inmediatamente identificarlo con la caída del sistema en aquella aciaga noche del 1988.

Cual si de un tatuaje se tratara, Bartlett ve cerca el final de su actuación pública y le disgusta profundamente el marbete que la historia política le colgó al cuello.

Y qué mejor manera de intentar el cambio de denominación que tratando de acercarse a algo que en su leal entender es cercano a lo que hizo su padre. Como Víctor González Torres y sus remedios apastillados, no es lo mismo, pero similar.

El que negó amparo a los pérfidos concesionarios petroleros de los años 30’s (Bartlett Bautista), y el ‘nuevo expropiador’ del siglo XXI que retira a ‘los atracadores’ los contratos obtenidos durante ‘la etapa neoliberal’ (Bartlett Díaz).

Sí suena, no?

Ya hay una corriente que argumenta como explicación lógica esta relación de acontecimientos, en lugar de pensar que Manuel Bartlett se encuadra en la izquierda, siendo un hombre enriquecido, con un hijo afortunado en las compra-ventas públicas, con una pareja por décadas con decenas de haberes inmobiliarios e inversiones of-shore.

Desde Miguel de la Madrid

Conocí a Manuel Bartlett un día de 1980, cuando despachaba en una casa Sanangelina de la calle de Arturo, número 2, como asesor político del entonces Secretario de Programación y Presupuesto, Miguel de la Madrid.

Eran las oficinas sureñas del Secretario de la Madrid, inventadas por el joven Secretario Particular Emilio Gamboa, quien se dio cuenta que su jefe perdía el 18 por ciento de su tiempo útil en desplazamientos hasta su despacho en el ala sur de Palacio Nacional, cuarto piso del Patio de Honor.

Justo en esa casa que colindaba con el restaurante King’s Road (hoy La Buena Fe) De la Madrid acordaba con su principal asesor político, Manuel Bartlett Díaz y también ahí tenía a su asesor internacionalista, Bernardo Sepúlveda Amor.

Antes de que esa casa resultara practicamente destruida por las hordas bufalescas que se desataron a partir del 25 de Septiembre de 1981 en que “los sectores” del partido se pronunciaron por la candidatura del Colimota De la Madrid, servía de discretas oficinas para el Secretario, especialmente vespertinas.

Bartlett ya estaba en edad de merecer, superaba los 40 años, aunque sus papeles estelares los comenzó a desempeñar a partir de ese evento, para él afortunado porque el universo le hizo trabajar con el elegido de los dioses.

Con López Portillo fue un simple director de asuntos políticos de la Cancillería, aunque vale decir que en su tiempo le tocó reabrir la Embajada Mexicana en España por el restablecimiento de relaciones diplomáticas y llevar complicadas negociaciones con Japón, de quienes quedó francamente animadvertido por sus veleidosidades.

Después de ser el conductor político de la campaña Delamadridista, vinieron los años de la Secretaría de Gobernación que tuvieron como corolario maldito para su historia la caída del sistema de la elección del 1988.

Por supuesto que trató del ser el candidato presidencial del PRI sucediendo a De la Madrid, pero topó con dos paredes de granito: Emilio Gamboa, que desde la secretaría particular se dedicó a cerrarle la puerta una y otra vez para allanársela a Carlos Salinas.

Y la otra muralla imbatible para su aspiración fue la brillantez de Salinas de Gortari, que desde la Dirección General de Política Económica y Social de la SPP atrajo y embrujó la mirada Delamadridista y lo convenció que el Plan Global de Desarrollo era el único futuro posible para México.

Con esos dos argumentos, las barreras de Gamboa y el desempeño de Salinas, la candidatura para Carlos fue algo natural, contra el deseo de Bartlett que en los albores de sus 50 años acarició alcanzar para sí la candidatura presidencial, en lugar de tener que componérsela a su principal adversario interno que fue Salinas de Gortari.

Luego vinieron la Secretaría de Educación, el Estado de Puebla y el Senado, hasta que levantó la mano para la Comisión Federal de Electricidad, justo para hacer lo que está intentando: cambiar su marbete histórico.

Además de que no le falte en su casa, la energía eléctrica tiene para Bartlett Díaz el trascendental papel de cambiar el curso de su historia..

Ya se está imaginando cómo lo consignarán en los libros de texto gratuito: el nuevo expropiador de la luz y no el arrinconado que derribó al sistema en una elección presidencial.

Qué cosas tiene la vida, Mariana. Mientras más alto volamos nos duele más la caída, cantara Alberto Cortés.

Twitter @undatosrarvizu
FB Eduardo Arvizu Marin
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