La ‘Superioridad’ moral

Eduardo Arvizu

En diciembre de 1977 cobré mi primera ‘Semana’ en EL UNIVERSAL, cuando la nómina de trabajadores se cubría los viernes.

Vinieron muchos años como reportero, más de diez, de notas, viajes, intensidades, coberturas y anécdotas.

Nunca vi desde dentro, como hoy no veo, que hubiese falta de ética o de afán por ´tiznar´ para enlodar a nada, a nadie. Periodismo, crítica, análisis.

Por eso, me suena hueco, mitinesco, digno de campaña, sentenciado desde la autocomplacencia, juzgar falta de ética en otros sin mirar la viga en el ojo ajeno. Parece sentencia del habitante de una casa sin espejos que se instala en todo momento dentro de una superioridad moral que solo admite la medida propia.

Alabanza en boca propia es vituperio, me hubiese dicho mi abuela, que abrevó de la sabiduría popular, la más profunda de las sensibilidades y que todo pasa por el cedazo del sentido común.

De manera que esa cátedra arzobispal digna de la inquisición, púlpito, balcón de pastor de almas, tribuna de juez autoconstituido desde la que todas las mañanas se pronuncian condenas, fatwas, calificativos y sentencias de horca mediática, es muy mal sitio para proclamarse como el más ético, limpio, levitando por casi etéreo.

Al menos, llama a dudas.

A propósito de hechos y dichos transcurridos hace muy pocos días, cerca de mitad de semana, algunas reflexiones.

Es costumbre del Presidente de la República llenar de calificativos denigrantes a sus adversarios, particularmente cuando difieren públicamente de sus planteamientos, aun cuando estén apoyados en información oficial y producida desde instancias profesionales.

Pero son eso: calificativos, adjetivos con los que busca cubrir deficiencias institucionales y, sobre todo, crear distractores sobre la realidad dura y tenaz que golpea el rostro, bolsillos y salud de la gente.

Por eso es que ante una línea crítica observante de sus actos públicos, una línea periodística diversa y caracterizada por la libertad con la que se ejerce, López Obrador solo tiene un camino ofuscado de respuesta que se autoerige en la única guía posible en el terreno de la ética.

El silogismo obradorista no falla dentro de su escala: los otros no tienen razón ni ética, yo sí. Los míos son los que piensan como yo y los que no concuerden con esta línea de pensamiento o fijan la vista en otras realidades o son adversarios, hipócritas, vendidos o respiran por la herida de privilegios perdidos.

Además, al ubicarse en las filas de la oposición, están moralmente derrotados (verdad pronunciada excátedra desde el balcón que no falla).

Yendo al punto.

Ejercer la crítica observante ni es una posición moral, triunfante o derrotada, y muchísimo menos es causa para atribuir calidad ética.

Ante un pronunciamiento público realizado en las páginas de EL UNIVERSAL, colaboradores de diverso ejercicio profesional posicionamos el Martes anterior ante una condena pública en la conferencia que todas las mañanas tiene López Obrador.

Fue una carta abierta dirigida a Andrés Manuel López Obrador en la que claramente se le dijo que lo que en estas planas y estos bites hacemos es periodismo y que no tiene que ver con el pasado o con circunstancias de Gobiernos recientes o remotos.

La pretensión de que la ausencia de relación publicitaria conduce automáticamente a un posicionamiento moral, comporta al mismo tiempo la convicción de López Obrador y sus colaboradores de que los medios que reciben los anuncios de su gobierno son automáticamente dóciles y carentes de crítica.

Pues allá ellos y su concepción del ejercicio periodístico. Así les irá en la historia no muy lejana.

Tengo más de 40 años de relación con EL UNIVERSAL

Las épocas de personajes ya desaparecidos indican lo que se ha hecho en este diario… Directivos como Ariel Ramos Guzmán, Luis Sevillano Uget, Miguel Castro Ruiz me remiten a décadas de operación periodística que no se condujo por estas matrices que esgrime el actual gobierno.

Así como continuamente López Obrador dice con insistencia que ‘no somos iguales’ solo para subrayar su distanciamiento y el desdoro que atribuye a gobiernos anteriores, la libertad que ejercemos en los espacios de El Universal no tiene ‘línea’ de especie alguna.

No hay NINGUNA recomendación, taxativa o condicionamiento que se nos sugiera o imponga a quienes tenemos el privilegio de ocupar estos espacios periodísticos.

Si este abanico de expresiones que no le suenan a música dan motivo a López Obrador para autoproclamar superioridad moral, es un problema que debe atender con asesores capaces o con terapeutas, en su caso.

Mala cosa para la nación cuando el gobernante en turno atrae para sí el otorgamiento de la moral y la ética pública, especialmente si su sensibilidad está inclinada contra los que no piensan a su imagen y semejanza.

Su mermada población de votantes, todavía considerable, no le otorga tal prez.

Y si de moral pública estamos hablando, hay unas cuantas cosas que valdría la pena poner en consideración para soportar la repetida frase de que no miente, no traiciona y no roba.

Algunas preguntas, absolutamente válidas, que resultaría sano para la nación que se respondieran con datos duros y pruebas sustentables públicamente.

Por Ejemplo:

-Cómo puede probar que el sustento económico de su vida personal proviene siempre de fuentes públicas, confiables y que no esperan nada en contraprestación.

-Cómo puede probar que una parte o el total del dinero de los sobres a Pío y ‘Martinazo’ no han llegado a su peculio, al sustento de su vida personal. Ya sabemos que fueron ‘aportaciones al movimiento’, cuya mención les concede automáticamente la bendición ubi et orbi, bajo el hisopo bendito de su palabra.

-Cómo puede explicar que diversas instancias de su gobierno, según estudio del IMCO, han dado en asignación directa cerca del 80 por ciento de las compras de gobierno en los meses que lleva su administración.

-Cómo justifica que a la mitad de su gobierno no haya hecho público el informe general sobre su salud que, si bien es un dato sensible resguardado por las Leyes de Protección de Datos Personales, resulta de seguridad nacional saber con precisión cuál es su reporte de salud.

-Qué explicación les tiene al medio millón de familias que se han enlutado en México al perder a uno de sus miembros por causa del manejo errático de una pandemia que ha rebasado por mucho a sus instituciones de salud.

-Cómo puede explicar que las ventas de combustibles de Pemex hayan variado apenas a la alza, cuando se supone que prácticamente ya extinguió el huachicoleo. Si se ha evitado el robo, por qué no se ha sumado el excedente a las ventas formales de Pemex?.

-Cómo le explica a la gente que en los hospitales públicos no encuentre una gran cantidad de medicamentos.

-Considerando que se hayan colado activistas al movimiento, qué les puede decir a los padres de niños a quienes el cáncer doblega y los tira a la calle porque su gobierno ha sido incapaz, por ineptitud o terquedad, de tener en tiempo y forma los medicamentos de quimioterapia?.

Ante tales cuestionamientos, lo menos presentable es la superioridad moral y muchísimo menos la posición de asignar o retirar categorías éticas.
 

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