El Gallo Maléfico

Eduardo Arvizu

Identificado como ‘El Gallo’ en el registro de la red de espionaje telefónico hoy tan en boga, López Obrador tiene un problema adicional para avanzar en la investigación sobre esta red que, como todas las desgracias nacionales, viene de los sexenios anteriores.

La complicación añadida es, ahora, de su gobierno con el de Israel. Este se siente ofendido, molesto, por el sentido del voto mexicano en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, donde a los diplomáticos nacionales les instruyeron hace unas semanas a pronunciarse en Ginebra en favor de la creación de una Comisión de investigación de eventuales crímenes de guerra de Israel, tras lo sucedido en la reciente operación conocida como ‘Guardián de los Muros’, de fuego graneado con los de Hamas en la Franja de Gaza.

Incluso, el Embajador Mexicano en Israel fue convocado al Ministerio de Exteriores en Tel Aviv, donde le solicitaron en medio de las más diplomáticas
maneras ‘aclaraciones’ por el sentido del voto mexicano en Ginebra.

El laberinto adicional es que Israel tiene a un pez que el Gobierno de la 4T necesita bajo su control si quiere llegar lejos en la investigación sobre el affaire Pegasus. Se trata de Tomás Zerón de Lucio, exdirector de la Agencia de Investigación Criminal, quien podría explicar muchas cosas sobre la contratación del malware espía “Pegasus”.

Podrían ofrecerle el Lozoyiano recurso del ‘Criterio de Oportunidad’ para que hunda a García Luna, Cárdenas Palomino, o en una tarde de suerte hasta al cumpleañero Peña Nieto. Vaya que podría haber diferencias.

Es un escandalazo este asunto del espionaje telefónico, con resonancia mundial que ya nos alcanzó y que, como todas las deficiencias de este gobierno, que no son pocas, están buscando utilizarlo en su favor bajo el manido recurso de que todo lo malo vino del pasado y que automáticamente se compuso solo porque ellos llegaron.

Por primera vez en mucho tiempo, el distractor del momento no nació en la mañanera, sino en la globalidad por esta espléndida muestra de periodismo colaborativo con protagonistas de primer nivel como The Guardian, Washington Post y otros del rango.

Pero la conferencia matutina ya se colgó al asunto y López Obrador ya ordenó la intervención hasta de Santiago Nieto y dijo que toda la información se hará pública, incluso el contrato de los gobiernos anteriores con la empresa Israelí productora de ‘Pegasus’, NSO Group.

Además, para no va a revelar cómo ha continuado la inteligencia actual con el proceso de escuchas telefónicas, López Obrador ya anunció un plato suculento para que los medios se entretengan, una vez más distraídos de lo sustancial: desempleo, inflación, falta de medicamentos, etc.

Sobre el tema Israel y Zerón de Lucio, en los terrenos de la Cancillería ya detectaron e informaron a donde deben hacerlo que en Tel Aviv aplican un método ralentizado a las solicitudes mexicanas para que manden a Zerón. Otro que está de fiesta por el mismo motivo es Andrés Roemer, quien tiene una orden de aprehensión.

Independientemente de la actitud, no tiene México un tratado de extradición firmado con Israel.

De manera que la cereza que Zerón de Lucio representa para el actual gobierno en el escándalo Pegasus, no está ni estará fácil a menos que Marcelo Ebrard tenga un destello y encuentre la fórmula para desfacer este entuerto. Eso está por verse.

Es claro que el escándalo de espionaje ya se convirtió en un distractor más y es nuevo ariete contra los fantasmas de pasado, pero no será posible adornarlo pronto con Zerón de Lucio porque el Gobierno Israelí hará todo para aplicarle a López Obrador la medida Juarista de que a los amigos, justicia y gracia y a los otros, la justicia a secas.

NIHIL NOVUM SUB SOLE

Las escuchas telefónicas no son nada nuevo bajo el sol y siempre han sido un fantasma que ha zopliloteado sobre el ejercicio periodístico y el quehacer político desde hace décadas.

Hace años, quizá unos 30, en la oficina del director de una revista que en ese momento era de gran trascendencia política, el personaje de marras hojeaba unos papeles y de repente se levantó, fotocopió, subrayó y cortó la hoja seleccionada con el tema que había elegido y mandó llamar a uno de los reporteros.

¿Ya viste?…

- Le dijo mientras le entregaba el recorte subrayado.

- ¡… ahora resulta que Roberto Madrazo también quiere ser ganadero… Vete a Villahermosa y pártesela con lo que te digan los ganaderos a los que se quiere joder…!

Este director hojeaba el reporte de un ‘servicio’ de intercepción telefónica, que lo mismo reproducía las conversaciones de directores de periódicos, empresarios, legisladores y un largo etcétera. Así se producían muchas portadas de la revista.

Lo interesante de ese ‘servicio’ de escuchas telefónicas, y conste que no había teléfonos celulares, se lo hacía llegar el ‘empresario’ que tenía la casa de operaciones de espionaje de su ‘empresa’ en la Colonia Florida.

El autor de esto era un priísta distinguidísimo, exgobernador de su Estado, alguna vez Presidente del Partido y en algún momento hasta suspirante a la Presidencia de la República.

Ergo, la escucha telefónica es un asunto viejo y una práctica inveterada en el quehacer político de México. Lo han practicado desde el Gobierno y también lo han hecho actores políticos que luego aprovechan y venden la información obtenida.

Quienes han recibido y leído ‘La Carpeta Roja’ que todas las mañanas entregaba el Cisen a los mandos altos de la Secretaría de Gobernación lo saben.

López Obrador ha mostrado ya su interés y hasta mandó a Santiago Nieto a revelar que su otro yo es ‘El Gallo Maléfico’.

Así le decían en la lista de reporte espía del oscuro y desgraciado pasado.

La pregunta no quiere ofender: ¿Y la ‘inteligencia’ actual, no hace escuchas telefónicas?. Por supuesto al margen de los jueces que autorizan estas intervenciones con fines de investigación.

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