Los avances dados a conocer por la Presidenta Sheinbaum sobre la reforma electoral coincidieron con lo que comentamos en nuestra entrega anterior. Ahora abordaré la parte de la propuesta relativa a la supresión de los senadores de representación proporcional o “de lista”, que desde su introducción fueron una anomalía constitucional por romper la paridad representativa de las entidades federativas, que es la razón de la existencia de esa Cámara; pero su incorporación respondía a las necesidades políticas del momento. Como Senador manifesté internamente mi oposición a la fórmula propuesta y hasta presenté un proyecto alternativo que permitía compatibilizar la representación proporcional con la paridad, de modo que todas las entidades tuvieran cuatro senadores. La fórmula necesariamente era compleja y no se adoptó porque se consideró entonces que ello podría alargar la negociación.
En política uno debe saber que aunque no se esté de acuerdo con algo, no puede cometerse la imprudencia de ser la única voz disidente que rompa un consenso difícilmente alcanzado. La buena política es el arte de saber cuándo ceder, y cuando no. Empero, dejé constancia en mi libro de Derecho Constitucional editado por Oxford University Press en 2008, de los defectos de la solución alcanzada y del proyecto modificatorio que propuse. En la edición reciente de este libro, publicada por Tirant Lo Blanch, insistí en las inconsistencias de los senadores de lista por dos razones:
Ruptura con el sentido histórico y federalista del Senado. La Cámara de Senadores representa la esencia del pacto federal, en el cual todas las entidades federativas son iguales y su representación debe ser paritaria.
Desequilibrio en la representación de las clases políticas locales. Este no es un cuestionamientos teórico, pues alude al efecto práctico que produce la elaboración de las listas por los dirigentes de los partidos que aseguran lugares preferentes, por lo que suelen predominar personas de la Ciudad de México o de entidades cuyos políticos tienen influencia sobre las cúpulas partidistas. Es evidente que quienes expresamos reservas desde que se introdujeron las listas para acceder al Senado, teníamos razones válidas para oponernos a un sistema que generó una enorme disparidad representativa. En la actual legislatura se observa lo siguiente: 17 entidades cuentan en el Senado con una representación igualitaria tradicional de 3 senadores mientras otras 15 son privilegiadas con una participación desproporcionada que es contradictoria con la supuesta proporcionalidad que debe garantizar la lista. De la Ciudad de México son originarios 11 senadores; de Campeche, el Estado de México y Sonora, seis; de Chiapas, Zacatecas, Oaxaca y Jalisco, cinco; de Aguascalientes, Tabasco Guanajuato, Coahuila, Yucatán, Michoacán y Chihuahua, cuatro.
Es claro, pues, que la “Representación Proporcional” solo genera desproporción.
Investigador de El Colegio de Veracruz y Magistrado en retiro
@DEduardoandrade

