Vacunas y acaparación

Editorial EL UNIVERSAL

Sobrepasada recientemente la cifra de los 3 millones de muertos en todo el mundo a causa del Covid-19, y con rebrotes inquietantes en India, Europa o Japón, junto con la aparición de nuevas variantes, la pandemia de coronavirus está todavía lejos de ser controlada, pero al menos ya existen países que han logrado una amplia cobertura de su población, como Israel y Emiratos Arabes Unidos, o que presentan avances significativos en esa ruta, como Estados Unidos.

Que solo tres países, de entre unas dos centenas de naciones, concentren más de la mitad de las vacunas, revela irregularidades en mecanismos de distribución que se antojaría fueran igualitarios en estos momentos de crisis sanitaria. Es de especial alarma la noticia de que algunas de estas naciones están bloqueando a otras el acceso a las vacunas en el mercado internacional.

Estados Unidos, China e India, en ese orden, son las naciones que mayor número de dosis han acaparado para atender a su población. De ellas, las dos últimas son las más pobladas del planeta —comprenden entre ambas casi una tercera parte de la población mundial— y pese a que el número de dosis aplicadas está todavía lejos de lograr una cobertura total (para cada una rondaría apenas entre el 12 y el 15% de sus habitantes), aún así constituyen cantidades difíciles de ser igualadas por el resto de las naciones.

Era de suponerse que las naciones ricas serían las primeras en adquirir grandes lotes de vacunas para su población, en parte por ser esos los países que se encargaron de desarrollarlas científicamente, pero es inquietante la comparación hecha en un reporte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el que se refiere que en países ricos una de cada cuatro personas ya ha sido vacunada, que contrastan con la proporción en naciones pobres, donde sólo una de cada 500 lo está.

El esquema Covax, desarrollado por la ONU, resultó algo completamente insuficiente, y su experiencia, buena o mala, sienta experiencia y deja numerosas enseñanzas sobre cómo atajar futuras pandemias, porque es un hecho de que las seguirá habiendo, pues hay advertencias de científicos de todo el planeta en tal sentido.

En México, para no estar dependiendo en su totalidad de los envíos de vacunas desde el extranjero, se está negociando que se pueda maquilar aquí la vacuna rusa Sputnik V, lo que si bien se haría bajo lineamientos y algunos suministros rusos, ayudaría a allanar gran parte del camino que se debe recorrer para poder contar con inmunizaciones efectivas, toda vez que en nuestro país se cuenta con la infraestructura necesaria para satisfacer la demanda tanto local como de la región inmediata de Centroamérica y el Caribe, y así poder cerrar más rápido la brecha entre contagios y vacunación. Es un primer paso, pero sin duda útil.

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