Robo y suspicacia

Editorial EL UNIVERSAL

El hurto de casi 38 mil medicamentos, en su mayor parte para combatir el cáncer, ha despertado en días recientes una polémica en la que se aprecian multitud de cabos sueltos y que solo se explica como una sucesión de fallas, en la que hay muchas incógnitas y preguntas por responder.

La sustracción se hizo en un almacén de una empresa distribuidora de medicamentos de la Ciudad de México, en un hecho en el que llama la atención la observación por la jefa del gobierno capitalino, Claudia Sheinbaum, en el sentido que se trató de un robo muy raro, ya que sólo se seleccionaron medicamentos oncológicos, aun cuando en el depósito había otro tipo de medicinas de alto costo, incluso de mayor valor que los sustraídos.

Hay un mercado negro de medicinas que no ha podido erradicarse y que se sostiene a través de la venta en tianguis y últimamente a través de redes sociales, donde ofrecen los productos por debajo de su precio oficial de venta o, por el contrario, a precios por encima de su valor comercial al generar escasez y aprovechando la urgencia de su adquisición por los enfermos y sus familias.

En el caso específico del robo de los fármacos oncológicos, es de notar que este ilícito se cometió precisamente por la coyuntura por la que pasa la atención de niños con cáncer, por lo que ha despertado la suspicacia de padres de menores enfermos, pues a las denuncias de desabasto de tratamientos, se suma ahora esta desaparición.

Hay que recordar que una de las primeras acciones del gobierno en el sector salud fue cancelar la compra de medicamentos argumentando corrupción y acabar con prácticas fraudulentas de empresas farmacéuticas que hacían negocio a costa del gobierno; más tarde, al presentarse el desabasto, la promesa fue buscar las mejores opciones para surtirlos, para luego conocerse que se compraría producto sin licitación previa por parte de la autoridad mexicana y sin aprobación de los organismos sanitarios internacionales como la FDA o lincluso de la propia Cofepris, y maquilado por países con dudosos controles de calidad; finalmente una vez que ya se cuenta con el medicamento, se da un robo dirigido exclusivamente a estos bienes ahora tan codiciados.

Conviene a las autoridades poner más atención en la seguridad de la industria farmacéutica, toda vez que la expectativa suscitada en torno a una eventual vacuna contra el Covid-19 podría hacer también de este producto un artículo sin duda muy codiciado, que detonaría acciones del crimen organizado para hacerse de su control y distribución. Adelantarse a este posible escenario es una más de las tareas que el gobierno debe tomar en cuenta, pues la salud de todo un país depende de ello.

 

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