Refrendar la lealtad

Editorial EL UNIVERSAL

Sorprendió el discurso que el general Luis Cresencio Sandoval pronunció en ocasión a la conmemoración del 110 aniversario de la Revolución Mexicana, pero no cabe duda que no pudo haber elegido mejor ocasión que ésta, en que el país recuerda una de las etapas más difíciles que haya experimentado —que de hecho constituye la Tercera Transformación en la división histórica adoptada por el actual gobierno— y en que debe recordarse que en esa gesta surgieron las fuerzas armadas modernas que México posee el día de hoy, emanadas de un movimiento social que tuvo mucho de improvisación, como de hartazgo con la desigualdad imperante al inicio del siglo XX.

El mensaje del general Sandoval fue un discurso político que generalmente no hacen los militares, y en el que llamó a la unidad de la institución militar, a actuar “como un solo cuerpo”, pero haciendo también la aclaración de que no se tolerarán actos de corrupción ni se solaparán acciones criminales, pues aclaró que no se admiten las desviaciones en el camino recto que deben tener los militares que busquen honrar al uniforme que portan.

Es el primer mensaje del general en un evento de esta naturaleza y a solo unas horas de que repatriaran a su antecesor en el cargo, el general Salvador Cienfuegos, y en una coyuntura en que una serie de tareas adicionales le han sido asignadas al Ejército, institución en la que el actual gobierno ha comisionado labores que tendrían que estar efectuando civiles, pero que los militares en su lealtad a la Nación, adoptan sin cuestionar, por ello el mensaje del general Sandoval reiterando el profesionalismo de las fuerzas armadas.

Ahora al general Sandoval le tocó la tarea de limpiar la imagen del ejército ante la sociedad, en un momento de crisis de confianza, al haberse visto afectada la cúpula de su institución, con la acusación hecha por la DEA estadounidense contra el general Salvador Cienfuegos, predecesor en el cargo del actual secretario de la Defensa Nacional.

Porque la desmoralización y cierto desencanto con una de las instituciones mexicanas más sólidas, no se da solo hacia el exterior de la sociedad, sino también es un sentimiento que invade a los propios elementos castrenses, que ven con esta crisis su orgullo lacerado.

El Ejército es una institución de Estado, que está por encima de las ideologías que representen quienes asuman el gobierno, sea del color o de la bandera política que sea, las fuerzas armadas son apartidistas y son una institución del Estado mexicano. Enhorabuena por este esfuerzo de recomposición de imagen de una de las instituciones más fuertes del país.

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